Roberto Elenes
Poeta recién llegado
Ayer a la hora del lunch
comí solo
en la banquita del parque;
hoy comí amparado bajo
la fronda del pino;
no había grillos
no había niños en el parque;
sentí que mi espíritu
escapaba en la palidez de un sol
marchito,
y me asaltó un chingo
de miedo
—y como aquel chiquillo grandulón de la escuela
que de niño me hacía mano de cochito—,
de rodillas me obligó a pedí perdón:
perdón por nada.
comí solo
en la banquita del parque;
hoy comí amparado bajo
la fronda del pino;
no había grillos
no había niños en el parque;
sentí que mi espíritu
escapaba en la palidez de un sol
marchito,
y me asaltó un chingo
de miedo
—y como aquel chiquillo grandulón de la escuela
que de niño me hacía mano de cochito—,
de rodillas me obligó a pedí perdón:
perdón por nada.