hachesmudas
Poeta recién llegado
Siento un odio visceral al presenciarte,
porque me llenas en tu ausencia;
porque,
de tus carnes fósiles en mi vajilla,
de los besos de tus labios
y de los labios en tus besos,
expulsas lo que soy en fluidez.
Mi existencia está inconcebible,
en un segundo estado de la materia,
en un brebaje
de tus intenciones más intestinales.
¿Eres nómada o moradora?
Entrañable a mis entrañas,
fluyes por mi sangre,
la de ahora.
No te digiero aún conveniente,
pero me atiborras los sentidos.
Destruyes mi razón
en un sismo cognitivo
y entelas las paredes de mi sien.
Te detesto porque existo
y ya no quieres mi presencia.
Baila triste, baila;
engrasa tus rodillas a mi son.
Baila, chica… ¡no te callas!,
que yo muerdo tus sortijas sin pavor.
Desnuda en tu vestido, bailarina,
articúlate en palabras
sin canción;
haz que llore, que te pida,
pero no me bailes sin razón.
Cálzame en tus tacones,
que de tus talones mil caminos
han sido previamente allanados por mí.
Escupe tus verdades
en mis manos andrajosas
y humedece con ellas
los callos en mi piel.
Llena con tus babas
cada pliegue, cada fosa;
llena mi vacío visceral,
tú, fiel.
porque me llenas en tu ausencia;
porque,
de tus carnes fósiles en mi vajilla,
de los besos de tus labios
y de los labios en tus besos,
expulsas lo que soy en fluidez.
Mi existencia está inconcebible,
en un segundo estado de la materia,
en un brebaje
de tus intenciones más intestinales.
¿Eres nómada o moradora?
Entrañable a mis entrañas,
fluyes por mi sangre,
la de ahora.
No te digiero aún conveniente,
pero me atiborras los sentidos.
Destruyes mi razón
en un sismo cognitivo
y entelas las paredes de mi sien.
Te detesto porque existo
y ya no quieres mi presencia.
Baila triste, baila;
engrasa tus rodillas a mi son.
Baila, chica… ¡no te callas!,
que yo muerdo tus sortijas sin pavor.
Desnuda en tu vestido, bailarina,
articúlate en palabras
sin canción;
haz que llore, que te pida,
pero no me bailes sin razón.
Cálzame en tus tacones,
que de tus talones mil caminos
han sido previamente allanados por mí.
Escupe tus verdades
en mis manos andrajosas
y humedece con ellas
los callos en mi piel.
Llena con tus babas
cada pliegue, cada fosa;
llena mi vacío visceral,
tú, fiel.