Cuentista
Silencio, un cuento.
MASCARÓN DE PROA
En lo alto del tajamar, donde la vista se nubla a alcanzar
luce esbelta la figura de una reina viajera
que en un ébano tallada peina al viento en marejada.
Dicen de ella que era dueña de la arena, y en el mar,
una sirena...
Era hermosa aquella ninfa en el agua y en la tierra
tan valiosa en convicción que a un marino enamoró,
en el fondo nacarino del océano sin fin
de ella dicen que serena, a aquel hombre se llevó.
La sirena fastuosa de belleza colosal, en marea procelosa
al navío sumergió...
Caprichosa cual la diosa de los mares azulinos
al marino enamorado nunca quiso devolver,
desde el fondo purpurino y tras las olas de la mar
se escuchaba el canto fino de dos penas al amar,
narran viejos que era ella, y aquel hombre al que robó
de un navío a la deriva que la ninfa naufragó...
Los barbudos tripulantes de un pirata bergantín
codiciaban a esa fémina marina, de divina juventud
a las sombras de la noche en mar templada,
y de esfera en plenitud
la sirena fue atrapada y su canto zozobró
de los fieros navegantes en las aguas abisales
nunca más, jamás se habló...
El marino enamorado en oráculo celaje
la llamaba ¡La llamaba!... y su nombre entre las olas,
en las olas quebrajosas que se oían desde el mar, se ahogaba
aquel hombre enfurecido en cerúleo oleaje
al arrope de la bruma plateada,
la llamó...
Pues la ninfa era su vida en océano celoso
que apacible y rumoroso sin su diva enmudeció
mas la espuma desteñida que flotaba hacia la orilla
era un barco a la deriva que silente perecía.
El marino enamorado,
aquel hombre hipnotizado en un canto de sirena
surca en busca de su reina por los mares abismales
surca ahora luminoso
sobre oscura carabela de titánicos velajes,
y en lo alto del tajamar, donde las olas golpean rabiosas al mar
luce esbelta una figura en un ébano tallada...
mi valiosa enamorada.
“Cuentista” 2015
En lo alto del tajamar, donde la vista se nubla a alcanzar
luce esbelta la figura de una reina viajera
que en un ébano tallada peina al viento en marejada.
Dicen de ella que era dueña de la arena, y en el mar,
una sirena...
Era hermosa aquella ninfa en el agua y en la tierra
tan valiosa en convicción que a un marino enamoró,
en el fondo nacarino del océano sin fin
de ella dicen que serena, a aquel hombre se llevó.
La sirena fastuosa de belleza colosal, en marea procelosa
al navío sumergió...
Caprichosa cual la diosa de los mares azulinos
al marino enamorado nunca quiso devolver,
desde el fondo purpurino y tras las olas de la mar
se escuchaba el canto fino de dos penas al amar,
narran viejos que era ella, y aquel hombre al que robó
de un navío a la deriva que la ninfa naufragó...
Los barbudos tripulantes de un pirata bergantín
codiciaban a esa fémina marina, de divina juventud
a las sombras de la noche en mar templada,
y de esfera en plenitud
la sirena fue atrapada y su canto zozobró
de los fieros navegantes en las aguas abisales
nunca más, jamás se habló...
El marino enamorado en oráculo celaje
la llamaba ¡La llamaba!... y su nombre entre las olas,
en las olas quebrajosas que se oían desde el mar, se ahogaba
aquel hombre enfurecido en cerúleo oleaje
al arrope de la bruma plateada,
la llamó...
Pues la ninfa era su vida en océano celoso
que apacible y rumoroso sin su diva enmudeció
mas la espuma desteñida que flotaba hacia la orilla
era un barco a la deriva que silente perecía.
El marino enamorado,
aquel hombre hipnotizado en un canto de sirena
surca en busca de su reina por los mares abismales
surca ahora luminoso
sobre oscura carabela de titánicos velajes,
y en lo alto del tajamar, donde las olas golpean rabiosas al mar
luce esbelta una figura en un ébano tallada...
mi valiosa enamorada.
“Cuentista” 2015
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