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Más fríos que el pasillo de mi casa

La Sexorcisto

Lluna V. L.
Somos marionetas. Yoni

Tus ojos
son
más fríos que el pasillo de mi casa,
el desierto en el gato
arena nocturna;
me observas en esta congelación
como hipotermia apocalíptica
en las dunas del Sáhara
a este lado de la pared,
tus gestos
vienen
en la tela de araña
envuelta con papel de plata
más fría que una pared de madre incompetente,
ahora otra vez, puedo contemplar
la ira y la frustración
en la cara cúbica de la espina
a través del otro lado.
Y en un paso se abre la sangre,
el páramo en el ojo del gato
con miles de Soles derridiéndose
en sus pupilas,
siendo el ansia
la resaca lunar
como absenta que no quiere
que salga ni entre,
marionetas de las que burlarse
ahora que la petrificación
viene con la escarcha de levante,
azotando;
atorando tus ojos desprovistos.
 
Somos marionetas. Yoni

Tus ojos
son
más fríos que el pasillo de mi casa,
el desierto en el gato
arena nocturna;
me observas en esta congelación
como hipotermia apocalíptica
en las dunas del Sáhara
a este lado de la pared,
tus gestos
vienen
en la tela de araña
envuelta con papel de plata
más fría que una pared de madre incompetente,
ahora otra vez, puedo contemplar
la ira y la frustración
en la cara cúbica de la espina
a través del otro lado.
Y en un paso se abre la sangre,
el páramo en el ojo del gato
con miles de Soles derridiéndose
en sus pupilas,
siendo el ansia
la resaca lunar
como absenta que no quiere
que salga ni entre,
marionetas de las que burlarse
ahora que la petrificación
viene con la escarcha de levante,
azotando;
atorando tus ojos desprovistos.
Esos ojos no despiertos dejan como un aplomo de un espacio que perfilan
su frialdad entre comparativas necesidad para sentirlos como huidos.
me ha gustado mucho. saludos afectuosos de luzyabsenta
 
Somos marionetas. Yoni

Tus ojos
son
más fríos que el pasillo de mi casa,
el desierto en el gato
arena nocturna;
me observas en esta congelación
como hipotermia apocalíptica
en las dunas del Sáhara
a este lado de la pared,
tus gestos
vienen
en la tela de araña
envuelta con papel de plata
más fría que una pared de madre incompetente,
ahora otra vez, puedo contemplar
la ira y la frustración
en la cara cúbica de la espina
a través del otro lado.
Y en un paso se abre la sangre,
el páramo en el ojo del gato
con miles de Soles derridiéndose
en sus pupilas,
siendo el ansia
la resaca lunar
como absenta que no quiere
que salga ni entre,
marionetas de las que burlarse
ahora que la petrificación
viene con la escarcha de levante,
azotando;
atorando tus ojos desprovistos.
Me maravillas. Esto es lo tuyo, comadre. Un gusto leerte. Luciana.
 
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