seso
Poeta asiduo al portal
Asombro en su ceja que se curva hasta romperse en una arruga.
Y se dice:
- ¡Cómo pasa el tiempo, caramba!
Usa cremas y trata de hallarle error a los espejos.
Piensa en sus ojos que entristecen y en la caricia lagrimal que flagela sus mejillas.
Ella medita mientras remoja sus labios en el licor meditabundo.
Da un sorbo depresivo cuando el tiempo hace más escalones, más altura y, por ende, más abismo...
Mira el teléfono y no hay señal de humo siquiera.
Rasca su quijada inexorable, justo en el síntoma oscuro, en la noche larga que le saca liendres al insomnio; noche de licores que se evaporan hacia las cuitas del alma...
Enciende un cigarrillo con su mano temblorosa. Cierra los ojos para capturar algún recuerdo hermoso e irse de aquel estado. Lo intenta durante horas pero todo es en vano...
Prepara un baño. Agua fría, agua caliente. Se desviste. Escribe algo en su vientre. Espía, con sus ojos derrumbados, las profundas cicatrices en sus metacarpos.
Le saca filo al licor. Un par de sorbos, uno más, uno y otro y otro y otro más...
Cierra los ojos diciendo:
Tengo sueño... mucho sueño... s u e ñ o... s u e ñ ... s u e... s... u...
Al otro día, el sol no quiso destaparla. El cenicero repleto de angustia. Botellas vacías. Vidrios desparramados en pupilas ausentes. Y un cigarrillo ha media asta, cerca de la puerta entreabierta del baño...
Y un grito ajeno... cadavérico... aterrador...
Y se dice:
- ¡Cómo pasa el tiempo, caramba!
Usa cremas y trata de hallarle error a los espejos.
Piensa en sus ojos que entristecen y en la caricia lagrimal que flagela sus mejillas.
Ella medita mientras remoja sus labios en el licor meditabundo.
Da un sorbo depresivo cuando el tiempo hace más escalones, más altura y, por ende, más abismo...
Mira el teléfono y no hay señal de humo siquiera.
Rasca su quijada inexorable, justo en el síntoma oscuro, en la noche larga que le saca liendres al insomnio; noche de licores que se evaporan hacia las cuitas del alma...
Enciende un cigarrillo con su mano temblorosa. Cierra los ojos para capturar algún recuerdo hermoso e irse de aquel estado. Lo intenta durante horas pero todo es en vano...
Prepara un baño. Agua fría, agua caliente. Se desviste. Escribe algo en su vientre. Espía, con sus ojos derrumbados, las profundas cicatrices en sus metacarpos.
Le saca filo al licor. Un par de sorbos, uno más, uno y otro y otro y otro más...
Cierra los ojos diciendo:
Tengo sueño... mucho sueño... s u e ñ o... s u e ñ ... s u e... s... u...
Al otro día, el sol no quiso destaparla. El cenicero repleto de angustia. Botellas vacías. Vidrios desparramados en pupilas ausentes. Y un cigarrillo ha media asta, cerca de la puerta entreabierta del baño...
Y un grito ajeno... cadavérico... aterrador...