Beache
Bertoldo Herrera Gitterman
Marta Roswitha Gittermann Mickelsen es una agricultora descendiente de alemanes, pero tan chilena como los porotos. Nació el 26 de marzo del 1931.
Madre de 10, abuela de 27, bisabuela de 37, tatarabuela de 3 y contando.
Es una persona alegre, divertida, rebelde, bonita, amante de su tierra y de su patria, muy constante y buena anfitriona. Siempre quiso escribir, pero nunca tuvo tiempo. Dedicada a su campo a horario completo. Los años le dieron ese tiempo y no desaprovechó la oportunidad.
Lo que ella hace, cuenta.
Ha vivido sus 93 años en la Región de la Araucanía.
Propietaria en el lugar rural llamado Quilimanzano, de la Comuna de Nueva Imperial, ha tenido que trasladarse a la ciudad de Pitrufquen por cuestiones de salud.
Desde fines del mes de agosto del 2023 es una paciente postrada y dependiente de diálisis. Con 93 años cumplidos y con un accidente cardiovascular reciente, mira la vida desde una silla de rueda. Se mantiene lúcida y pensante, es as para el juego de la brisca y la escoba y sólo la limita la falta encontrar con quien jugar.
EL CAMPESINO
La suave brisa de la mañana
mece las hojas de los trigales,
las aves trinan desde las ramas,
bebe la vaca en los manantiales.
El campesino, aún somnoliento
de madrugada suelta la yunta,
para que coman el pasto fresco
en la pradera, allá en la junta.
Él sin descanso, siempre sonriente
de sol a sol, al agua o frío
callosas manos secan su frente
de cien gotitas como el rocío.
Siguiendo el surco con las semillas,
después la echona, luego la era
para trillar el dorado trigo
que es su alimento hasta primavera.
EL TORO FLACO
Brama el toro muy contento
porque una vaca viene a pololear:
es Carlos Castro, mi vecino
que tuvo que dejar de trabajar
Pregunto ¿cuántas ha traído?
para en el cuaderno anotar:
“es la misma del otro día,
que se ha vuelto a “malotar””
El toro está flaco y lleno de moscas,
la vaca no quiere montar,
esa la historia de siempre:
la “cruza” no ha de pagar.
Estará enfermo, el muy astuto
pero decido ir al potrero,
y sin que Carlitos me vea
yo le cuento los terneros
De las vacas que me trajo repetidas
hay nueve terneros nacidos.
Él me dice “son hijos de viento”,
yo sé que me ha mentido.
Como es muy buen vecino
lo tengo que perdonar
como Dios sabe quién mal obra
-algo malo le va a pasar-.
TRIBUTO A LA COCHA
Eran diez lechoncitos
nacidos de una mamá
elegí para hacer cría
la más chica de la “parvá’”
Apenas tenía seis meses
ya quería ser mamá.
Yo no accedí a su deseo
para que no le pasara na’
Luego pasaron los meses
y nadie la pudo parar
paría al año tres veces,
sus hijos, sabía cuidar
Recibió por nombre Cocha
es golosa, astuta, obediente
y aunque es animal y no habla
ella todas las cosas entiende.
Y como es tan regalona
come sólo lo que le gusta:
leche, frutas, trigo, chancado
y alguna gallina gorda.
Tres meses estuvo perdida
pa’l tiempo de las avellanas
un día saqué noticias
que en un muelle viejo alojaba
Para pillarla durmiendo
me levanté muy temprano,
y al llegar no pudiera verme,
con una vela en la mano.
Llamándola por su nombre,
la traje hasta su chiquero
se me había embarazado
por ahí yo no sé como
y la crianza se ha aumentado.
Dos veces tuvo chanchitos
en una noche de invierno,
se quedó afuera en el potrero
y las crías, del frío, murieron.
Pero ella se reponía
y luego de un par de meses
de nuevo estaba pari’a
Otra vez la atacó un león:
llegó con las piernas heridas.
con mucha penicilina
la Cocha seguía viva,
en su chiquero botada
dos meses a pura comida.
Hasta su quinta, don Ciro
un día debió cortar
porque la Cocha y sus crías
de ahí nadie podía sacar.
Cincuenta y cuatro pariciones
en dieciocho años de vida
entre cinco a doce lechones
eran los que ella tenía.
Por un promedio de siete
cincuenta y cuatro pariciones
dan trescientos setenta y siete
a diez mil, dan cuatro millones.
Feliz hoy la Cocha pasea
por los potreros que quiere,
de vieja, ya no tiene hijos
pero sigue arrogante y fiera.
Y siempre comiendo algo bueno
pues todo se le perdona
y no le teme a la muerte:
ella morirá de vieja.
Los vecinos la conocen
y la conocen sus perros,
si alguno quiere morderla,
mordidos resultarán ellos.
Cuando vienen mis nietos
ella se pone celosa
y se gana por delante
para que vean cuánto vale la cocha
Dios quiera que sea ella
la que primero se muera
y poder yo sepultarla
al lado de esa palmera.
LA FRAGUA DE DON GENARO.
En una humilde choza de ratonera
vivía un matrimonio muy anciano:
ella hilaba lana con su uso
él tenía una fragua manejada por su mano.
Eran tan pobras doña Juana y don Genaro
Que su rancho no tenía ni siquiera piso
Menos una ventana
Solamente una mesa y vasija de madera.
En su fragua el anciano pasaba
horas y horas trabajando
con el fuelle encendía el carbón
y así los arados iba arreglando.
A pesar de su pobreza eran felices
y la novena del Carmen tenían que rezar
acompañados de sus vecinos
aunque yo era aún niña, era la primera en llegar.
Que tiempos tan felices aquellos
que hoy he vuelto a recordar
el agua pura, que por un tubo
salía fresca y limpia para tomar.
Miles de plantas en su huerto
había para cualquier toma preparar
Porque ellos eran tan pobres
que en la botica no podían comprar.
De mi niñez, mi recuerdo más lindo
cuando en su fragua jugar me dejaba
encendiéndole el carbón
que tanto le costaba.
Con su cara llena de risa
con sus manos llenas de cayos
nuca me dio una pastilla,
pero tampoco nunca un regaño.
¡Qué Dios los tenga en el cielo
a doña Juana y don Genaro!