Jcmch
Poeta veterano en el portal.
Marina! Mirad el sol…se aleja…
Oculta su faz antigua y prepotente en los valles del miedo.
Los huesos se nos llenan de noche, de oscuridad.
La bruma de un solitario recuerdo invade nuestra memoria.
Marina, mi amada! A tu lápida de mármol flameante
coronaré de oraciones putrefactas y antiguas,
a los dioses ocultos de la soledad y la tristeza.
Marina! Mi amor! Mirad como la noche se lleva el ocaso,
mirad como cubre de dolor y distancia los destellos de luz.
Llévame en las carrozas que alzan tu alma al horizonte!
Serenamente buscaré consuelo en la sangre de mis enemigos…
aquellos que extinguieron tu aliento de cerezas polares.
Ahh…mi amada…Si supieras cuantas lunas han mencionado tu nombre.
Si supieras cuanto dolor mancha mis cortinas.
Los pájaros! Las dolosas criaturas de las tinieblas…
las sombras de la noche…crecen en mi alcoba.
Me miran con recelo…me acusan de tu muerte.
Un día entrarán a mi alma y anidará el horror en borbotones…
la sangre que pulula en mis brazos
acabará escurriéndose en los ríos helados de esta ciudad.
Pero ante la tumba que cierne tu nombre,
alzaré sacrificios al abismo y la perdición.
Moraré en el nombre de tus dones adivinatorios
y tus musas astrológicas.
En el mármol frío y lúdico escribiré: Marina! Marina!
Mil veces tu nombre sea nombrado entre los muertos.
¡Que escuche tu nombre el purgatorio santísimo del cielo!
Mientras mi rostro pálido cae en la alcoba,
el libro que leo hojea al viento sus palabras…
En un espejo se refleja mi horror sanguinario;
una figura frágil e indefensa…como un tronco pálido en invierno.
Ah…Marina! ¡Llama a tus asesinos de madrugada!
¡Que muera hasta el último de los humanos de esta ciudad!
¡Que se pudran al sol en sus vanidades miserables!
Mientras, yo pasaré mis páginas al viento helado…
en inmensa soledad.
.
Oculta su faz antigua y prepotente en los valles del miedo.
Los huesos se nos llenan de noche, de oscuridad.
La bruma de un solitario recuerdo invade nuestra memoria.
Marina, mi amada! A tu lápida de mármol flameante
coronaré de oraciones putrefactas y antiguas,
a los dioses ocultos de la soledad y la tristeza.
Marina! Mi amor! Mirad como la noche se lleva el ocaso,
mirad como cubre de dolor y distancia los destellos de luz.
Llévame en las carrozas que alzan tu alma al horizonte!
Serenamente buscaré consuelo en la sangre de mis enemigos…
aquellos que extinguieron tu aliento de cerezas polares.
Ahh…mi amada…Si supieras cuantas lunas han mencionado tu nombre.
Si supieras cuanto dolor mancha mis cortinas.
Los pájaros! Las dolosas criaturas de las tinieblas…
las sombras de la noche…crecen en mi alcoba.
Me miran con recelo…me acusan de tu muerte.
Un día entrarán a mi alma y anidará el horror en borbotones…
la sangre que pulula en mis brazos
acabará escurriéndose en los ríos helados de esta ciudad.
Pero ante la tumba que cierne tu nombre,
alzaré sacrificios al abismo y la perdición.
Moraré en el nombre de tus dones adivinatorios
y tus musas astrológicas.
En el mármol frío y lúdico escribiré: Marina! Marina!
Mil veces tu nombre sea nombrado entre los muertos.
¡Que escuche tu nombre el purgatorio santísimo del cielo!
Mientras mi rostro pálido cae en la alcoba,
el libro que leo hojea al viento sus palabras…
En un espejo se refleja mi horror sanguinario;
una figura frágil e indefensa…como un tronco pálido en invierno.
Ah…Marina! ¡Llama a tus asesinos de madrugada!
¡Que muera hasta el último de los humanos de esta ciudad!
¡Que se pudran al sol en sus vanidades miserables!
Mientras, yo pasaré mis páginas al viento helado…
en inmensa soledad.
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