[center:ccdfe178cc][Cuento castellano en verso, que relata las desventuras de una joven manceba. Maribárbola se hace espejo de los sufrimientos de tantas y tantas mujeres a lo largo de nuestra ominosa historia, dominada por la fatal mano varonil. En desprecio por los terribles abusos de los de mi propia condición, rubrico este relato en honor a las dos personas más importantes de mi vida (ambas mujeres). Escuché de boca de un juglar dicho relato, que decía así:]
Maribárbola era una moza castellana
Que fue a casar con un gran señor
Hidalgo curtido en mentiras y engaños
Que a ella quiso hacerse superior.
Bañaba su cuerpo desnudo
A orillas del río Duero
Habría entregado con gusto su cuerpo
Tan sólo por un te quiero.
Mas esa palabra nunca llegó
A tal mendiga de cariño y amor
Su vil marido la procuró castigo
Y un lecho de lamentos y dolor.
Recluida a una torre
Encerrada por este tirano
La ocultó en lo más alto
Para hacerla comer de su mano.
Después de ahogarse en vino
Saciaba su impulso animal
Trataba a una bella ninfa
Como a un simple objeto sexual.
Ella se convierte cada noche
En cuna de exceso y placer
Condenada a sudar sangre
Dulce sangre de mujer.
Grita en su noble pecho
Un corazón repleto de astillas
Obligada a degradarse
Suplicante y de rodillas.
Maribárbola palidecía en su cárcel
Postrada en cama sin cesar de llorar
Abandonaba el alma su carne
Como río que va a morir al mar.
Como una flor sin agua
Palidece despacio y muere
El peor de sus sufrimientos
Es saber que aún le quiere.
Se ahogaba ante el espejo
En lágrimas sabor a sal
Contemplaba su espíritu enlutado
Y su ojo cardenal.
De golpes físicos y morales
Se envenena esta hija de Afrodita
Contadas están sus noches
Se reseca, se marchita.
En una vigilia de triste insomnio
Sondea el vacio con su mirada afligida
Salta desde su pequeña ventana
Y se arranca de cuajo la vida.[/center:ccdfe178cc]
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Maribárbola era una moza castellana
Que fue a casar con un gran señor
Hidalgo curtido en mentiras y engaños
Que a ella quiso hacerse superior.
Bañaba su cuerpo desnudo
A orillas del río Duero
Habría entregado con gusto su cuerpo
Tan sólo por un te quiero.
Mas esa palabra nunca llegó
A tal mendiga de cariño y amor
Su vil marido la procuró castigo
Y un lecho de lamentos y dolor.
Recluida a una torre
Encerrada por este tirano
La ocultó en lo más alto
Para hacerla comer de su mano.
Después de ahogarse en vino
Saciaba su impulso animal
Trataba a una bella ninfa
Como a un simple objeto sexual.
Ella se convierte cada noche
En cuna de exceso y placer
Condenada a sudar sangre
Dulce sangre de mujer.
Grita en su noble pecho
Un corazón repleto de astillas
Obligada a degradarse
Suplicante y de rodillas.
Maribárbola palidecía en su cárcel
Postrada en cama sin cesar de llorar
Abandonaba el alma su carne
Como río que va a morir al mar.
Como una flor sin agua
Palidece despacio y muere
El peor de sus sufrimientos
Es saber que aún le quiere.
Se ahogaba ante el espejo
En lágrimas sabor a sal
Contemplaba su espíritu enlutado
Y su ojo cardenal.
De golpes físicos y morales
Se envenena esta hija de Afrodita
Contadas están sus noches
Se reseca, se marchita.
En una vigilia de triste insomnio
Sondea el vacio con su mirada afligida
Salta desde su pequeña ventana
Y se arranca de cuajo la vida.[/center:ccdfe178cc]
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