Emilio Pittet V.
Poeta recién llegado
Soy el que posee una marca perfecta, sin destacar por mis presencias.
No soy aquel que pide pan y agua, sin poder ver a través de tu alma.
Me encuentro dentro de la habitacion más oscura de toda la muerte razial.
¡Sólo los cerdos de guerra aprendieron a luchar por una razón convincente!
El dinero ya no es sólo papel: es un arma fuerte que en cualquier momento puedes perder. Toma tus ganancias y hulle rapidmente, antes que te coman el alma y el vientre. El papel puede pensar un poco más, sin lo conocido por prudencia, si es que te come la tecnologia, junto a un par de estúpidas vivencias.
Ya hemos perdido un par de santos literales - no artificiales -
pero nos defenderemos un par de siglos más de porquerias ireales,
Para que los destellos de luz no nos tapen la vista y la conciencia;
De un par de mentiras por año, por un par de perdidas nacionales.
¿Crees que estoy al interior de ustedes? puede que estés un poco demente, como esas torpes estatuas tradicionales: pidiendo la clemencia de un santo. Yo no detendré mis latigos tortuosos, al impactar tus espaldas humillantes.
¡No permitire que mis hijos nascan tontos de ideas como solía ser antes!...
No soy aquel que pide pan y agua, sin poder ver a través de tu alma.
Me encuentro dentro de la habitacion más oscura de toda la muerte razial.
¡Sólo los cerdos de guerra aprendieron a luchar por una razón convincente!
El dinero ya no es sólo papel: es un arma fuerte que en cualquier momento puedes perder. Toma tus ganancias y hulle rapidmente, antes que te coman el alma y el vientre. El papel puede pensar un poco más, sin lo conocido por prudencia, si es que te come la tecnologia, junto a un par de estúpidas vivencias.
Ya hemos perdido un par de santos literales - no artificiales -
pero nos defenderemos un par de siglos más de porquerias ireales,
Para que los destellos de luz no nos tapen la vista y la conciencia;
De un par de mentiras por año, por un par de perdidas nacionales.
¿Crees que estoy al interior de ustedes? puede que estés un poco demente, como esas torpes estatuas tradicionales: pidiendo la clemencia de un santo. Yo no detendré mis latigos tortuosos, al impactar tus espaldas humillantes.
¡No permitire que mis hijos nascan tontos de ideas como solía ser antes!...