hguevaraq
Poeta recién llegado
Ser de luz y oscuridad,
incansable,
débil rastro de humanidad
piel que trasluce su pálida alma,
naturaleza infinita, llena de noche y día.
Noche oscura, lengua larga,
dientes y manos de marfil,
pies y alas al vuelo.
Cabello de azahar,
perfume de jazmín,
aroma de yerba seca y muerta,
naturaleza perdida, encontrada,
vaivén insensato, inestable,
cuarto menguante y creciente,
absoluto vacío que en siete días
volverá a morir
y a resucitar entre las aguas,
desierto blanco y negro.
Perverso inocente de mirada furtiva,
agazapado entre todos buscando su nueva presa, de su vieja esperanza,
oscuridad que ilumina,
vida que se apaga.
Volver dejó de ser la luz,
el castigo es la propia fe,
de perderse o encontrarse,
el látigo de ser quien es,
de mirar con los ojos cerrados,
de dormir sin los ojos abiertos.
Hipnotizado en su propio ser,
camina, habla,
ríe,
llora, grita, calla,
es sin ser,
es su cruz, su misión, su destino.
Sólo otro como él puede sacarlo y hundirlo nuevamente,
inundarse ambos
en la nebulosa de su propia existencia,
en ese sol infinito,
que irradia una luz azul y diferente,
otro ser resignado como tú
a su propia soledad,
al que los años le dieron la complacencia
de verse solo
en medio de todos.
Tu soledad, tu cómplice,
la única capaz de tentarte para que te aventures a un día más,
para callar,
pensar, sentir, mirar,
llorar, otra vez callar,
para no revelarte,
para seguir siendo un misterio
que no se va a dejar descubrir.
Ángel Demonio, te miras en mí,
y en ti me encuentro;
autoflagelarnos, complacernos,
no es suficiente,
desaparecer, extinguirte, reunirnos,
dejar de lado todo aquello que nos rodea,
naufragar sin desenfreno,
morir sin reparos,
sufrir sin culpas.
Un destino apagado,
inocente de ser, culpable de no querer,
acepto, espero, quiero… Maktub.
Ya la daga está en mi pecho,
profana e infame,
sólo un suspiro la detiene,
y sólo uno te desata,
medianoche que ya no serás día;
las palabras se acaban,
corre el tiempo.
¡Alto! Ya es hora.
Ángel Demonio,
encuéntrame ahora en tu alma…
Así estaba escrito,
lo peor no ha pasado…
incansable,
débil rastro de humanidad
piel que trasluce su pálida alma,
naturaleza infinita, llena de noche y día.
Noche oscura, lengua larga,
dientes y manos de marfil,
pies y alas al vuelo.
Cabello de azahar,
perfume de jazmín,
aroma de yerba seca y muerta,
naturaleza perdida, encontrada,
vaivén insensato, inestable,
cuarto menguante y creciente,
absoluto vacío que en siete días
volverá a morir
y a resucitar entre las aguas,
desierto blanco y negro.
Perverso inocente de mirada furtiva,
agazapado entre todos buscando su nueva presa, de su vieja esperanza,
oscuridad que ilumina,
vida que se apaga.
Volver dejó de ser la luz,
el castigo es la propia fe,
de perderse o encontrarse,
el látigo de ser quien es,
de mirar con los ojos cerrados,
de dormir sin los ojos abiertos.
Hipnotizado en su propio ser,
camina, habla,
ríe,
llora, grita, calla,
es sin ser,
es su cruz, su misión, su destino.
Sólo otro como él puede sacarlo y hundirlo nuevamente,
inundarse ambos
en la nebulosa de su propia existencia,
en ese sol infinito,
que irradia una luz azul y diferente,
otro ser resignado como tú
a su propia soledad,
al que los años le dieron la complacencia
de verse solo
en medio de todos.
Tu soledad, tu cómplice,
la única capaz de tentarte para que te aventures a un día más,
para callar,
pensar, sentir, mirar,
llorar, otra vez callar,
para no revelarte,
para seguir siendo un misterio
que no se va a dejar descubrir.
Ángel Demonio, te miras en mí,
y en ti me encuentro;
autoflagelarnos, complacernos,
no es suficiente,
desaparecer, extinguirte, reunirnos,
dejar de lado todo aquello que nos rodea,
naufragar sin desenfreno,
morir sin reparos,
sufrir sin culpas.
Un destino apagado,
inocente de ser, culpable de no querer,
acepto, espero, quiero… Maktub.
Ya la daga está en mi pecho,
profana e infame,
sólo un suspiro la detiene,
y sólo uno te desata,
medianoche que ya no serás día;
las palabras se acaban,
corre el tiempo.
¡Alto! Ya es hora.
Ángel Demonio,
encuéntrame ahora en tu alma…
Así estaba escrito,
lo peor no ha pasado…
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