Madre inmortal
Quien la viera llegar, segura de si, convincente de su amor perenne como la energía del universo. Su dolor es único, inconmensurable y no lo entiendo, pues todavía no soy madre, aunque puedo presentir en mi ignorancia esas vetas negras que trae la ausencia de un hijo.
En ese pasado feliz, sus ojos tenían brillo propio, ahora es robado y en ocasiones es tan opaco que parece haberse esfumado.
Sus manos hechas para acariciar, ni siquiera pueden hoy hacerlo, pues ni un material ha quedado, los cuerpos han desaparecido y esas almas inquietas, divertidas y alegres, nadie sabe en donde han hecho un nuevo nido. En instantes, cuando observo las estrellas en el firmamento, alcanzo a uno de esos espíritus obligados a partir, su resplandor es tan fuerte que me deja ciega por momentos, luego recobro la visión y paso a admirar a otro. Podría estar la eternidad allí, donde el tiempo se funde con el espacio y pasan a ser uno.
Mujer de metal, hecha con el barro del sufrimiento por no haber podido acurrucar a tus ángeles, encuentra en tus lágrimas el bálsamo a tu enfermedad incurable. Tu vida no es miseria sino enseñanza noble y justa, como el amor que permanentemente entregas.
Quien la viera llegar, segura de si, convincente de su amor perenne como la energía del universo. Su dolor es único, inconmensurable y no lo entiendo, pues todavía no soy madre, aunque puedo presentir en mi ignorancia esas vetas negras que trae la ausencia de un hijo.
En ese pasado feliz, sus ojos tenían brillo propio, ahora es robado y en ocasiones es tan opaco que parece haberse esfumado.
Sus manos hechas para acariciar, ni siquiera pueden hoy hacerlo, pues ni un material ha quedado, los cuerpos han desaparecido y esas almas inquietas, divertidas y alegres, nadie sabe en donde han hecho un nuevo nido. En instantes, cuando observo las estrellas en el firmamento, alcanzo a uno de esos espíritus obligados a partir, su resplandor es tan fuerte que me deja ciega por momentos, luego recobro la visión y paso a admirar a otro. Podría estar la eternidad allí, donde el tiempo se funde con el espacio y pasan a ser uno.
Mujer de metal, hecha con el barro del sufrimiento por no haber podido acurrucar a tus ángeles, encuentra en tus lágrimas el bálsamo a tu enfermedad incurable. Tu vida no es miseria sino enseñanza noble y justa, como el amor que permanentemente entregas.