Era el trompito celeste, un carrusel diminuto
bailando sobre mi mesa, con un aliento infinito.
Tenía tanta inocencia, que aún hoy grande disfruto
aquel baile de colores, que respondía a mi grito.
Bailaba hasta que mis ojos, se cansaban de empujarlo
y se acostaba en su sombra, durmiéndose, despacito.
Yo lo tomaba en mis manos, a veces, para besarlo
agradeciendo su luz. La luz que hoy...necesito.
Marino fabianesi
bailando sobre mi mesa, con un aliento infinito.
Tenía tanta inocencia, que aún hoy grande disfruto
aquel baile de colores, que respondía a mi grito.
Bailaba hasta que mis ojos, se cansaban de empujarlo
y se acostaba en su sombra, durmiéndose, despacito.
Yo lo tomaba en mis manos, a veces, para besarlo
agradeciendo su luz. La luz que hoy...necesito.
Marino fabianesi