• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Luna Roja

Angelluzgris

Poeta recién llegado
Apareciste en un sueño,
no como recuerdo,
sino como advertencia.

Te acercaste desde la sombra
y tu voz —antigua, intacta—
me susurró:
él no soy yo. Date cuenta.

Mis colmillos no fueron dolor,
fueron amor verdadero,
del que muerde el alma joven
y la despierta para siempre.

Esa alma
que aún te llama
cuando la noche cae
y la sangre recuerda.

Despierto.
Y no estás.

Solo queda tu sombra
habitándome,
no para poseerme,
sino para avisarme.

No quise creerte.
Seguí danzando entre nombres ajenos,
hasta que los días —uno a uno—
te dieron la razón.

Regresas cuando menos lo pienso,
cuando creo haberte soltado.
Ahí estás,
como un pensamiento que insiste:
no eres así,
no juegues con sombras hambrientas,
dama mía.

Sonrío
y dejo que el velo de tul oculte mi rostro,
aunque sé
que puedes verme igual.

Bailamos.
No por deseo,
sino por advertencia.

Y dices, sin reproche:
amor, déjame ir.

Lloro,
aferrada a recuerdos que aún sangran,
aunque hace años
ya no eres mío.

Entonces tu voz se vuelve más grave:
aún habito tu corazón,
y eso es lo que más te hiere.

Suéltame,
repites como un conjuro.

No busques hombres que se parezcan a mí,
no saben sostener tu sensibilidad.

Recuerda quién eres.

Eres hija de la Luna Roja,
no de cualquier noche.

Tu corazón es un altar,
no un juego.

Despierto
con la certeza intacta:
una vez más
no viniste a amarme…

viniste a salvarme.
 
Apareciste en un sueño,
no como recuerdo,
sino como advertencia.

Te acercaste desde la sombra
y tu voz —antigua, intacta—
me susurró:
él no soy yo. Date cuenta.

Mis colmillos no fueron dolor,
fueron amor verdadero,
del que muerde el alma joven
y la despierta para siempre.

Esa alma
que aún te llama
cuando la noche cae
y la sangre recuerda.

Despierto.
Y no estás.

Solo queda tu sombra
habitándome,
no para poseerme,
sino para avisarme.

No quise creerte.
Seguí danzando entre nombres ajenos,
hasta que los días —uno a uno—
te dieron la razón.

Regresas cuando menos lo pienso,
cuando creo haberte soltado.
Ahí estás,
como un pensamiento que insiste:
no eres así,
no juegues con sombras hambrientas,
dama mía.


Sonrío
y dejo que el velo de tul oculte mi rostro,
aunque sé
que puedes verme igual.

Bailamos.
No por deseo,
sino por advertencia.

Y dices, sin reproche:
amor, déjame ir.

Lloro,
aferrada a recuerdos que aún sangran,
aunque hace años
ya no eres mío.

Entonces tu voz se vuelve más grave:
aún habito tu corazón,
y eso es lo que más te hiere.


Suéltame,
repites como un conjuro.

No busques hombres que se parezcan a mí,
no saben sostener tu sensibilidad.


Recuerda quién eres.

Eres hija de la Luna Roja,
no de cualquier noche.


Tu corazón es un altar,
no un juego.


Despierto
con la certeza intacta:
una vez más
no viniste a amarme…

viniste a salvarme.
Así es el amor, no viene solo para ser amado, sino para ofrecer una salvación.

Le saludo nuevamente
 
Atrás
Arriba