En lo más solemne de un delirio,
cubrió voraz un grito apagado
en el sigilo de un recuerdo
y las sombras hervorosas
serpenteaban entre sueños;
funesta brisa helada recorrió
por entre los instintos de una bestia
y el conciente alboroto humano.
Desprendió una llama sin brillo
en lo profundo de un pecho muerto
mustia rosa de su anhelo,
apuñalaban sus espinas tormentosas
inertes manos despreciables,
escarcha de su pulcra tez
forrada por ardores
y diminutas sendas escarlata
Perdiendo envilecidos ojos
a la furia del abovedado cielo,
al fúnebre designio del desvelo,
desfallecen del concepto los despojos.
La Razón expira en una pasión execrable
y la muerte supera los umbrales explicables