Odisea
Poeta recién llegado
La lúgubre noche,
enmudecida e inmutable,
salvaje habita en mi regazo,
suplicando parte de mi.
!Mísero de mí!
en calma injuriosa reverbera
la valentía inmarcesible
de mi sangre.
Que se apiade de mi el claustro injurioso del tiempo,
que sin tactos hable por mi,
por estos días abstractos
que nada se parecen a una muerte hermosa.
¿De quiénes han sido los temores?
me envuelven en pánico,
y un poco más al centro,
resuena el milagro de la muerte.
Por este hilo andante,
no ha de hartarse del amor dramaturgo,
ni de este flébil encuentro,
que es casi un vestigio apasionante.
Debe ser la noche,
quizá la imaginación,
frases desordenadas en versos eternos,
la sutileza a punto de enloquecer o solo yo,
compadeciendo la vida como una tétrica esperanza.
enmudecida e inmutable,
salvaje habita en mi regazo,
suplicando parte de mi.
!Mísero de mí!
en calma injuriosa reverbera
la valentía inmarcesible
de mi sangre.
Que se apiade de mi el claustro injurioso del tiempo,
que sin tactos hable por mi,
por estos días abstractos
que nada se parecen a una muerte hermosa.
¿De quiénes han sido los temores?
me envuelven en pánico,
y un poco más al centro,
resuena el milagro de la muerte.
Por este hilo andante,
no ha de hartarse del amor dramaturgo,
ni de este flébil encuentro,
que es casi un vestigio apasionante.
Debe ser la noche,
quizá la imaginación,
frases desordenadas en versos eternos,
la sutileza a punto de enloquecer o solo yo,
compadeciendo la vida como una tétrica esperanza.