DIEGO
Poeta adicto al portal
La tarde estaba siendo herida por el crepúsculo cuando los hilos enmarañados del recuerdo absolvían las culpas de una mente retorcida y confusa.
No tenía mucho tiempo que perder, ni que ganar. Existencia en etapa inconsistente.
La nuca perturbaba sudorosa ese estado de suspensión en medio de la nada que experimentaba.
Nunca fui buen jugador, por lo tanto no acepto los laureles del buen perdedor.
Lúdica suerte que dejaba al descubierto mi inutilidad para las apuestas.
La natural consecuencia de los actos irresponsables siguen siendo una injusticia para mí.
Observé las muñecas rojas e incómodas. Atrapadas.
Nunca hubiese creído que fuese tan fácil ganar. Lo único que me molestó fue la suciedad del acto y los olores a los que no estaba acostumbrado. Demasiado rojo para mi gusto, pero, en fin, tampoco era para tanto.
Cuestión, que el paño verde cambió de color al mismo instante que rodaron los dados, bueno, digamos que unos segundos después el infeliz no pudo mantener su bocota cerrada. La Mágnum casi se disparó sola.
Para mí hubiese sido la jugada de mi vida. Me habían advertido que estos cubos eran conocidos, pero no pensé que fuese para tanto.
La calma es tanta que cala los huesos.
Espero los idiotas que me sujetan creen que voy a escapar.
No alcanzo a entender a los rostros acusadores que me rodean. Ellos no conocen de pérdidas y ganancias.
Mi cuerpo es empujado con una fuerza innecesaria al auto que canta victoria tiñendo las calles de azul y rojo.
No me preocupa mi destino, sé que la suerte está de mi lado.
No tenía mucho tiempo que perder, ni que ganar. Existencia en etapa inconsistente.
La nuca perturbaba sudorosa ese estado de suspensión en medio de la nada que experimentaba.
Nunca fui buen jugador, por lo tanto no acepto los laureles del buen perdedor.
Lúdica suerte que dejaba al descubierto mi inutilidad para las apuestas.
La natural consecuencia de los actos irresponsables siguen siendo una injusticia para mí.
Observé las muñecas rojas e incómodas. Atrapadas.
Nunca hubiese creído que fuese tan fácil ganar. Lo único que me molestó fue la suciedad del acto y los olores a los que no estaba acostumbrado. Demasiado rojo para mi gusto, pero, en fin, tampoco era para tanto.
Cuestión, que el paño verde cambió de color al mismo instante que rodaron los dados, bueno, digamos que unos segundos después el infeliz no pudo mantener su bocota cerrada. La Mágnum casi se disparó sola.
Para mí hubiese sido la jugada de mi vida. Me habían advertido que estos cubos eran conocidos, pero no pensé que fuese para tanto.
La calma es tanta que cala los huesos.
Espero los idiotas que me sujetan creen que voy a escapar.
No alcanzo a entender a los rostros acusadores que me rodean. Ellos no conocen de pérdidas y ganancias.
Mi cuerpo es empujado con una fuerza innecesaria al auto que canta victoria tiñendo las calles de azul y rojo.
No me preocupa mi destino, sé que la suerte está de mi lado.