A menudo sueño con aquellos zapatos rojos
de mi niñez
que elegía mi padre
en una ciudad sin nombre
ciudad a la que hace tiempo apodé como “infancia mía”.
Sueño con aquellos zapatos rojos
de mi niñez
que me probara mi padre,
en aquella tienda.
Me atendía una joven señorita
Esperaba ingenuamente, incluso se hacía de noche,
y los viandantes, extrañados, miraban el escaparate
hasta que mi padre regresaba
con las manos vacías.
El año pasado al pasar por un escaparate,
reparé en unos zapatos rojos.
Todavía los tengo. Todos los días los observo.
…
Hoy no es un día cualquiera.
Creo que me he reconciliado
con aquellos zapatos que tanto
daño me hacían.
Y esta mañana, decido que la terapia
ha llegado a su fin.
Y salgo a la calle preguntando
¿Alguien quiere unos zapatos rojos?
…
Yo tampoco.
de mi niñez
que elegía mi padre
en una ciudad sin nombre
ciudad a la que hace tiempo apodé como “infancia mía”.
Sueño con aquellos zapatos rojos
de mi niñez
que me probara mi padre,
en aquella tienda.
Me atendía una joven señorita
Esperaba ingenuamente, incluso se hacía de noche,
y los viandantes, extrañados, miraban el escaparate
hasta que mi padre regresaba
con las manos vacías.
El año pasado al pasar por un escaparate,
reparé en unos zapatos rojos.
Todavía los tengo. Todos los días los observo.
…
Hoy no es un día cualquiera.
Creo que me he reconciliado
con aquellos zapatos que tanto
daño me hacían.
Y esta mañana, decido que la terapia
ha llegado a su fin.
Y salgo a la calle preguntando
¿Alguien quiere unos zapatos rojos?
…
Yo tampoco.
Última edición: