Sinuhé
Poeta adicto al portal
¿A dónde van los tristes muertos?
Formando procesiones,
con sus tristísimos tocados cenicientos.
Corrompen Saqqara, mutilan estertores,
asaltan los heladísimos poliedros limitados,
del pigmeo en las danzas del dios.
Como llevan los espectros,
sus inútiles hachones de fuegos insurrectos,
al guardián de los secretos que están en el Duat.
Yo los he visto: a medianoche, a mediamuerte desafiantes;
terribles llamaradas en glotonas y capitales pestilencias.
¿A dónde van los exánimes desiertos?
Zumban, derriban la fresca paz con sus órbitas siniestras;
como avispas demenciales en un súbito recuerdo.
Las centurias acorralan su luna inmaculada,
Maat dice que residen en la espera;
Ament, que yacen impacientes en húmedos rincones;
en ciudades horribles y cercadas.
Sobra decir que el júbilo,
la hilaridad escapa del dudoso séquito;
no tienen sarcófago ni tienda.
Solo se arrastran, tararean detenidos
su canción de hielo, destilando una amarga cerveza.
Su morral de petulante tristeza rebosante,
las sucias máscaras marcando el ritmo descompuesto.
Los tristes yertos no conocen de la vida,
más que una borrosa y limitada fábula:
¿Será el amor al final la recompensa?
¿Quién eres tú, Quien eres tú guardián del aposento?
Almas de Heliópolis:
yo soy el Rey de las Pirámides
y mi nombre significa Estrépito;
no he partido muerto: he partido vivo;
las puertas de Akeru se abren para mi,
las puertas de Geb no se cierran para mi;
y yo no marcho cuando Anubis llama,
¡Alégrate Oh tú que cavas!...(1)
Formando procesiones,
con sus tristísimos tocados cenicientos.
Corrompen Saqqara, mutilan estertores,
asaltan los heladísimos poliedros limitados,
del pigmeo en las danzas del dios.
Como llevan los espectros,
sus inútiles hachones de fuegos insurrectos,
al guardián de los secretos que están en el Duat.
Yo los he visto: a medianoche, a mediamuerte desafiantes;
terribles llamaradas en glotonas y capitales pestilencias.
¿A dónde van los exánimes desiertos?
Zumban, derriban la fresca paz con sus órbitas siniestras;
como avispas demenciales en un súbito recuerdo.
Las centurias acorralan su luna inmaculada,
Maat dice que residen en la espera;
Ament, que yacen impacientes en húmedos rincones;
en ciudades horribles y cercadas.
Sobra decir que el júbilo,
la hilaridad escapa del dudoso séquito;
no tienen sarcófago ni tienda.
Solo se arrastran, tararean detenidos
su canción de hielo, destilando una amarga cerveza.
Su morral de petulante tristeza rebosante,
las sucias máscaras marcando el ritmo descompuesto.
Los tristes yertos no conocen de la vida,
más que una borrosa y limitada fábula:
¿Será el amor al final la recompensa?
¿Quién eres tú, Quien eres tú guardián del aposento?
Almas de Heliópolis:
yo soy el Rey de las Pirámides
y mi nombre significa Estrépito;
no he partido muerto: he partido vivo;
las puertas de Akeru se abren para mi,
las puertas de Geb no se cierran para mi;
y yo no marcho cuando Anubis llama,
¡Alégrate Oh tú que cavas!...(1)
(1)Basado en algunos cantos funerarios de los Textos de las Pirámides, por: Raymond Otto Faulkner "The Ancient Egyptian Pyramid Texts". Oxford. University Press, 1969.