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Los tres bandidos.

Luis Elissamburu

Poeta fiel al portal

Disfrutábamos sin saber
de conflictos urbanos.
El hijo del botellero,
uno parecido a mí
y el menor del veterinario.


Compartíamos las bolitas,
autitos y barriletes.
Cada uno atesoraba
figuritas difíciles
e impecables juguetes.


Todos éramos vaqueros,
superhéroes y piratas.
Dueños absolutos
de cualquier potrero
entre la estación y la plaza.


Domadores de calesitas,
coleccionistas de orugas ...
Discutidores en vano
a la órden patriarcal
de no jugar bajo la llúvia.


Generales en jefe
de humildes soldaditos.
Pescadores sin fortuna
de mojarras esquivas,
dentudos y bagrecitos.


Crecer fue el castigo
que a los tres nos separó.
Cada uno por su lado,
en la jungla del adulto,
para siempre, se perdió.
 
Es lindo , lindo Luis .

No es que toda mi infancia esté llena de estupendos recuerdos , pero si fui vaquero y más que jefe que soldadito ( me pega más ) , jugábamos con el barro , las chapas o las canicas .... eran juegos de niños , las niñas pues jugaban a la goma o la rayuela y todos jugábamos al rescate que depende el lugar pues cambia de nombre como tantos de aquellos juegos .

Ahora las cosas , menos mal , están más equilibradas pues igual juegan a la consola los niños que las niñas aunque los de mi generación como no teníamos casi juguetes ni dinero teníamos que tirar más de imaginación , ¿Quién lo diría hoy , jugar con una goma o a clavar un palo en el barro ?...que tiempos .

Gracias mil por hacerme recuperar añoranzas , un abrazo grande :
 
excelente obra Luis, en mi caso yo era la peque de la casa u jugaba con los soldaditos de mi hermano jejeje, un abrazo
Disfrutábamos sin saber
de conflictos urbanos.
El hijo del botellero,
uno parecido a mí
y el menor del veterinario.


Compartíamos las bolitas,
autitos y barriletes.
Cada uno atesoraba
figuritas difíciles
e impecables juguetes.


Todos éramos vaqueros,
superhéroes y piratas.
Dueños absolutos
de cualquier potrero
entre la estación y la plaza.


Domadores de calesitas,
coleccionistas de orugas ...
Discutidores en vano
a la órden patriarcal
de no jugar bajo la llúvia.


Generales en jefe
de humildes soldaditos.
Pescadores sin fortuna
de mojarras esquivas,
dentudos y bagrecitos.


Crecer fue el castigo
que a los tres nos separó.
Cada uno por su lado,
en la jungla del adulto,
para siempre, se perdió.
 
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