ludmila
Poeta veterano en el portal
Amanuense la niebla va escribiendo una historia
en la sórdida campanada de la noche que colma.
Estupefacientes, parece que brotan de los árboles
cuando los vapores bailan en el sueño.
Los transmutadores de la noche recobran el ánimo
desvencijando fortalezas de la mente tibia,
que se asila en los páramos silvestres,
desperezando a gárgolas y antojos.
Las criptas húmedas, despiertan tempestades;
los demonios atisban la frente alerta de los dioses
que van añejando demonios y durezas
en el alma inapetente de razones.
Deambulan como espectros sedientos,
amenazan con truculentos detalles
rozando con su lengua el aliento
que enturbian sus tenebrosos mensajes.
La mente está yerma de proyectos,
aniquila la cordura y la luz como un despojo,
recetan el olvido y el temor como el agua,
y se sienten tamizados por el odio.
Estos insomnes trashumantes
que deambulan misteriosos por el lodo,
no son más que reacciones imperiosas
contra la ilustración y la cordura del enojo.
en la sórdida campanada de la noche que colma.
Estupefacientes, parece que brotan de los árboles
cuando los vapores bailan en el sueño.
Los transmutadores de la noche recobran el ánimo
desvencijando fortalezas de la mente tibia,
que se asila en los páramos silvestres,
desperezando a gárgolas y antojos.
Las criptas húmedas, despiertan tempestades;
los demonios atisban la frente alerta de los dioses
que van añejando demonios y durezas
en el alma inapetente de razones.
Deambulan como espectros sedientos,
amenazan con truculentos detalles
rozando con su lengua el aliento
que enturbian sus tenebrosos mensajes.
La mente está yerma de proyectos,
aniquila la cordura y la luz como un despojo,
recetan el olvido y el temor como el agua,
y se sienten tamizados por el odio.
Estos insomnes trashumantes
que deambulan misteriosos por el lodo,
no son más que reacciones imperiosas
contra la ilustración y la cordura del enojo.