Soy hombre, fantasma vivo,
creo en las páginas en blanco,
tengo a mi lado a un perro sabio
un animal brujo de esos que parecen humanos.
A veces cojo el último tren inevitable
esperando el nido exótico,
me siento remoto a veces
enfundado en la sábana y la distancia;
algunas noches me mudo en un lobo
y noto la electricidad en el bosque de jabones,
me gustan los esqueletos
me suspenden los astros,
el tiempo me desgasta los huesos
pero poco a poco porque no le hago demasiado caso.
Me enamoran las esencias candentes
sin derivar en desiertos
para soportar el álgido.
Escribo en el París de los tocados
por las tardes mientras veo vivir a los metropolitanos
cuando creen que están solitarios y hacen cosas extrañas
como hablar solos o poner cara de tontos
cuando están enamorados.
Al final todo lo cura el impasible viento
que azota la vida en este punto del mapa,
yo escribo sobre esos chicos gestos donde se esconden
los templos de la viva calma.
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