Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los suspiros caminan en silencio, llevando paraguas de cristal que gotean colores imposibles.
Las paredes escuchan con orejas invisibles y dibujan mapas que nadie puede seguir.
El sol se esconde en los bolsillos de los gatos y ríe como un reloj derretido.
Las escaleras suben hacia abajo y los techos se inclinan para saludar a los sueños caídos.
Las palabras flotan como burbujas que estallan en melodías que saben a lluvia y madera.
Las sombras se abrazan a sí mismas y lloran risas que se convierten en mariposas.
Los peces cantan secretos antiguos mientras nadan en el aire,
y los árboles toman té con los vientos, discutiendo sobre memorias olvidadas.
Cada paso que das deja un rastro de luz que huele a noche y a pan recién horneado.
Tú caminas en medio de todo, invisible,
tocando lunas que suspiran y nubes que bostezan canciones prohibidas,
mientras la ciudad de tus sueños gira lentamente,
y los suspiros que caminan en silencio te señalan el camino
hacia un lugar donde lo imposible es cotidiano y lo cotidiano, un milagro.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados
Las paredes escuchan con orejas invisibles y dibujan mapas que nadie puede seguir.
El sol se esconde en los bolsillos de los gatos y ríe como un reloj derretido.
Las escaleras suben hacia abajo y los techos se inclinan para saludar a los sueños caídos.
Las palabras flotan como burbujas que estallan en melodías que saben a lluvia y madera.
Las sombras se abrazan a sí mismas y lloran risas que se convierten en mariposas.
Los peces cantan secretos antiguos mientras nadan en el aire,
y los árboles toman té con los vientos, discutiendo sobre memorias olvidadas.
Cada paso que das deja un rastro de luz que huele a noche y a pan recién horneado.
Tú caminas en medio de todo, invisible,
tocando lunas que suspiran y nubes que bostezan canciones prohibidas,
mientras la ciudad de tus sueños gira lentamente,
y los suspiros que caminan en silencio te señalan el camino
hacia un lugar donde lo imposible es cotidiano y lo cotidiano, un milagro.
Rosa María Reeder
Derechos Reservados