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Los sueños premonitorios del perfumista

Vaya, es verdad, los sueños son la voz del subconsciente, hay veces que soñamos tanto que parece que vivimos más vidas en otras dimensiones y todo es fruto de nuestro subconsciente que nos manda avisos, destellos, llamaradas como ligeros toquecitos de atención. Lo dificil es interpretarlos y plasmarlos, pero en este caso tu don de letras ha vuelto a crear un original , excelente relato. Te aplaudo sinceramente, querido amigo.
 
A veces soñar cuesta, en este caso el precio fue muy alto. Un relato que da miedito mi querido Amigo, definitivamente en los relatos de suspenso estas como pez en el agua, como es usual te atrapa hasta el final. Saludos y un gran abrazo
 
Genial Duncinista. Me ha encantado. Me recuerda el dicho que dice algo así como “ten cuidado con lo que pides….” Debería haber llamado a Leo Dicaprio un experto en sueños y dueño de tantos tan memorables :) A salvo nariz todos feliz.

Un abrazo.
 
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Francois Molinard era un afamado perfumista frances. A sus cerca de cuarenta años, no recordaba haber soñado nunca. Sabía que soñaba, pues según la ciencia, todas las personas sueñan mientras duermen. Pero él, aunque soñaba, al despertar no recordaba los sueños. No ansiaba recordar todos los sueños que soñaba, pero sí anhelaba acordarse por lo menos de uno de ellos, tan sólo uno o dos, para equipararse de esta forma a la mayoría de los hombres, ya que estaba convencido de que ellos habían recordado al menos una vez uno de sus sueños. Pasaba sus días entre esencias y destilaciones. Se sentía feliz sacando de las plantas sus aromas y fragancias. Tan solo la imposibilidad de recordar sus sueños oscurecía algo su vida.
Una noche, como era costumbre en él, tomó una cena frugal y se fue a la cama antes de la medianoche, pues solía levantarse con el alba, ya que en las primeras horas de la mañana sus sentidos estaban más despiertos y se sentía más capacitado para el trabajo. Esa mañana, al levantarse, sintió una sensación extraña, como si mientras dormía su cuerpo se hubiese levantado de la cama y hubiese estado en algún lugar distinto a su casa. A la mañana siguiente se cumplió su deseo. Recordó lo que había soñado. Se vió cenando en la estancia más espaciosa de su hogar. Llamaron a la puerta. Abrió y no vió a nadie. Afuera el viento soplaba huracanado. Se acostó y durmió intranquilo. Se despertó de madrugada, habiendo soñado que se encontraba en un desván repleto de trastos polvorientos y viejos.Un baúl de madera llamó su atención sobre todas las demás cosas que había en el desván. Lo abrió y de él saltó una rata que se le agarró a la nariz. Gritó en sueños y se despertó. Se levantó y miró a la calle a través del cristal de la ventana de su habitación. Abrió la ventana. Le pareció oír en la lejanía el maullido de un gato. Miró la hora en el reloj que tenía en el laboratorio donde creaba los perfumes. Decidió que aún tenía tiempo de dormir algunas horas más hasta que amaneciera. Se volvió a dormir con facilidad. Nunca tuvo problemas para conciliar el sueño. Subió unas escaleras de piedra. Se vió nuevamente en el desván. Todo estaba oscuro. Al andar, tropezaba con los muebles y espejos que estaban por todas partes. Encendió un candil fabricado de cobre que colgaba de la pared. Volvió a abrir el baúl de madera. Dentro había una rata muerta con el hocico ensangrentado, y a su lado, lo que parecía la nariz de una persona. Ahora era feliz, soñaba mucho, y al despertar por la mañana siempre recordaba lo soñado. Pero a la mañana siguiente no recordaría nada. Ya no se quedaría extasiado nunca más ante el perfume de las esencias. Los muertos ni huelen ni recuerdan los sueños.
Lo encontró la criada cuando fue a limpiar la casa. Con sus propias uñas se había arañado la nariz.

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Eladio Parreño Elías

27-Julio-2011


Querido Eladio:
Mis más sinceras disculpas por la demora en responder a tu llamado…

He leído innumerables veces tu escrito, no creas que es por falta de entendimiento, por el contrario, he querido ver con detalle cada frase, cada oración, cada palabra dicha para llegar a estructurar cada escena en mi razón.
El personaje, un hombre de mediana edad, perfumista de profesión en donde ponía a disposición de ella todos sus sentidos, solitario y con una rigurosa forma de vida; cenas ligeras, acostarse temprano y levantarse al alba. Trabajaba arduamente y devotamente durante todo el día, esto lo hacía dormir profundamente sin recordar los sueños, cosa natural en alguien que sigue un patrón de vida sin grandes cambios, una vida más bien monótona.
Comenzaré con un párrafo, pues creo que en él se da la clave para el desarrollo de tu prosa.
“Esa mañana, al levantarse, sintió una sensación extraña, como si mientras dormía su cuerpo se hubiese levantado de la cama y hubiese estado en algún lugar distinto a su casa”.
Es en este momento en donde el personaje muere en su propio lecho y es su alma la que sale de su cuerpo y recorre lugares desconocidos para él.
“A la mañana siguiente se cumplió su deseo. Recordó lo que había soñado. Se vio cenando en la estancia más espaciosa de su hogar. Llamaron a la puerta. Abrió y no vio a nadie. Afuera el viento soplaba huracanado. Se acostó y durmió intranquilo”.
De aquí en adelante su alma vaga en el pasado, presente y futuro, en una dimensión paralela que existe en línea recta a la vida que nosotros conocemos.
“Se despertó de madrugada, habiendo soñado que se encontraba en un desván repleto de trastos polvorientos y viejos. Un baúl de madera llamó su atención sobre todas las demás cosas que había en el desván. Lo abrió y de él saltó una rata que se le agarró a la nariz”.
Su alma recorre los lugares oscurecidos de esta dimensión aledaña e imperceptible para la gran mayoría de los seres humanos.
“Se vio nuevamente en el desván. Todo estaba oscuro. Al andar, tropezaba con los muebles y espejos que estaban por todas partes. Encendió un candil fabricado de cobre que colgaba de la pared. Volvió a abrir el baúl de madera. Dentro había una rata muerta con el hocico ensangrentado, y a su lado, lo que parecía la nariz de una persona”.
Muchas personas cuando mueren mientras duermen, no alcanzan a darse cuenta que lo están, entonces sus almas vagan por distintos lugares desconocidos, ellas viajan a través del tiempo (Pasado, presente y futuro), para ellas el espacio tiempo no existe así como lo conocemos nosotros con los minutos, las horas, los días, los meses y los años.
En realidad lo que parecía un sueño sólo fue lo que su alma errante vio y visitó mientras vagaba en otra dimensión.
Una historia fascinante, puede ser que todo esto que he escrito sobre tu prosa sólo sea producto de mi imaginación y nada es real, simplemente, la he sentido y vivido desde este punto de vista.
La mente humana tiene lugares oscuros que aún no han sido descubiertos por el hombre y mucho menos por la ciencia, es por ese motivo que alabo y ensalzo tu creación, historias rutilantes que escapan al entendimiento de las personas y que con una rápida lectura no es posible descubrir los detalles que marcan y destacan el desarrollo impecable de tu pensamiento creativo.
Mis más sinceras…
¡Felicitaciones!



Un beso y un cálido abrazo desde mi verde valle.
Eryca.
 
Gracias por tu comentario, mi querida Mayca. Creo que un escrito tiene muchas interpretaciones, esta que tú apuntas, es tan solo un más de ellas. Puede haber tantas interpretaciones como lectores. Te dejo un fuerte beso de amigo. Que seas feliz en tu verde valle chileno.
 
Interesante relato.. el perfume .. me hizo acordar de la película y libro...El perfume..
Me adentré en tan maravillosa historia .....la tuya.
menos mal no tengo desván y mis premoniciones siempre
son agradables.jajajja...
besos
 
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Francois Molinard era un afamado perfumista frances. A sus cerca de cuarenta años, no recordaba haber soñado nunca. Sabía que soñaba, pues según la ciencia, todas las personas sueñan mientras duermen. Pero él, aunque soñaba, al despertar no recordaba los sueños. No ansiaba recordar todos los sueños que soñaba, pero sí anhelaba acordarse por lo menos de uno de ellos, tan sólo uno o dos, para equipararse de esta forma a la mayoría de los hombres, ya que estaba convencido de que ellos habían recordado al menos una vez uno de sus sueños. Pasaba sus días entre esencias y destilaciones. Se sentía feliz sacando de las plantas sus aromas y fragancias. Tan solo la imposibilidad de recordar sus sueños oscurecía algo su vida.
Una noche, como era costumbre en él, tomó una cena frugal y se fue a la cama antes de la medianoche, pues solía levantarse con el alba, ya que en las primeras horas de la mañana sus sentidos estaban más despiertos y se sentía más capacitado para el trabajo. Esa mañana, al levantarse, sintió una sensación extraña, como si mientras dormía su cuerpo se hubiese levantado de la cama y hubiese estado en algún lugar distinto a su casa. A la mañana siguiente se cumplió su deseo. Recordó lo que había soñado. Se vió cenando en la estancia más espaciosa de su hogar. Llamaron a la puerta. Abrió y no vió a nadie. Afuera el viento soplaba huracanado. Se acostó y durmió intranquilo. Se despertó de madrugada, habiendo soñado que se encontraba en un desván repleto de trastos polvorientos y viejos.Un baúl de madera llamó su atención sobre todas las demás cosas que había en el desván. Lo abrió y de él saltó una rata que se le agarró a la nariz. Gritó en sueños y se despertó. Se levantó y miró a la calle a través del cristal de la ventana de su habitación. Abrió la ventana. Le pareció oír en la lejanía el maullido de un gato. Miró la hora en el reloj que tenía en el laboratorio donde creaba los perfumes. Decidió que aún tenía tiempo de dormir algunas horas más hasta que amaneciera. Se volvió a dormir con facilidad. Nunca tuvo problemas para conciliar el sueño. Subió unas escaleras de piedra. Se vió nuevamente en el desván. Todo estaba oscuro. Al andar, tropezaba con los muebles y espejos que estaban por todas partes. Encendió un candil fabricado de cobre que colgaba de la pared. Volvió a abrir el baúl de madera. Dentro había una rata muerta con el hocico ensangrentado, y a su lado, lo que parecía la nariz de una persona. Ahora era feliz, soñaba mucho, y al despertar por la mañana siempre recordaba lo soñado. Pero a la mañana siguiente no recordaría nada. Ya no se quedaría extasiado nunca más ante el perfume de las esencias. Los muertos ni huelen ni recuerdan los sueños.
Lo encontró la criada cuando fue a limpiar la casa. Con sus propias uñas se había arañado la nariz.

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Eladio Parreño Elías

27-Julio-2011
Muy interesante, su relato, sobre estos sueños y aromas.

Aparte, "El perfume" es una de mis películas favoritas, saludos
 
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