danie
solo un pensamiento...
Suburbios de la vieja vecindad
que sueñan mañanas veraniegas
y engalanadas primaveras
de un ocaso azul y su albur.
Arrabales subterráneos
que esconden su trémulo corazón
en las estalagmitas heladas del adiós,
que dormitan juntos a los besos
de un viento iluso y soñador,
un deseo
sobre el velo de la esperanza marchita.
Así el viejo barrio
se pierde en la demencia del émbolo
y sus bobinas,
los engranajes que friccionan
por la manivela de la soledad,
ahogado entre baños de sombras
y roces apelmazados y amorfos
Todo por un Sol que raptó a tus ojos.
Así las calles pálidas
lloran con ayuno por esos pasos
de mica bermellón,
lloran por la alondra
que emigró hasta las albas lejanas
y sus cosmos de gema,
ojos de zafiro que irradian
los rayos gama de tus pupilas,
detrás de la lindera del mundo.
Así las farolas y los rosetones
apagan su lumbre
y se hunden en la mar
de esfínteres anémicas
y gris bruma cefálica.
Así la vieja vecindad
ya no es la misma,
ya no sonríe ante el reflejo
de este cuerpo inmutado y tieso,
solitario elemento que enarbola
sus fragmentos de lo que fue una alma
invocando tu aparición.
Así la vieja comarca se empareda
entre los reproches y los lamentos,
sin ninguna expiación.
que sueñan mañanas veraniegas
y engalanadas primaveras
de un ocaso azul y su albur.
Arrabales subterráneos
que esconden su trémulo corazón
en las estalagmitas heladas del adiós,
que dormitan juntos a los besos
de un viento iluso y soñador,
un deseo
sobre el velo de la esperanza marchita.
Así el viejo barrio
se pierde en la demencia del émbolo
y sus bobinas,
los engranajes que friccionan
por la manivela de la soledad,
ahogado entre baños de sombras
y roces apelmazados y amorfos
Todo por un Sol que raptó a tus ojos.
Así las calles pálidas
lloran con ayuno por esos pasos
de mica bermellón,
lloran por la alondra
que emigró hasta las albas lejanas
y sus cosmos de gema,
ojos de zafiro que irradian
los rayos gama de tus pupilas,
detrás de la lindera del mundo.
Así las farolas y los rosetones
apagan su lumbre
y se hunden en la mar
de esfínteres anémicas
y gris bruma cefálica.
Así la vieja vecindad
ya no es la misma,
ya no sonríe ante el reflejo
de este cuerpo inmutado y tieso,
solitario elemento que enarbola
sus fragmentos de lo que fue una alma
invocando tu aparición.
Así la vieja comarca se empareda
entre los reproches y los lamentos,
sin ninguna expiación.