Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando la vida es una broma para reír
entre amigos, de los amigos, los medio
enemigos y hasta de la muerte...
y hasta del amor.
Cuando se goza a los desgraciados:
por raros, por enfermos, por cornudos.
En fin; a los perdedores en general.
Cuando idolatramos a los descarriados:
asesinos, ladrones, viciosos, suicidas, etc.
¡Que bien!
Cuando blandimos nuestra egolatría
como una espada prepotente, que al fin,
termina hiriéndonos a nosotros mismos
de cruda realidad, pero con la cual,
de momento herimos a los demás.
Con, o sin fundamento...
¡Que bien!
Cuando ocultamos el buen sentimiento
como si fuese sinónimo de estupidez
y vergüenza en vez de honra.
Y a la vez, ¡rápidamente! exponemos,
nuestro ridículo, ególatra escudo falso
de soberbia reglamentario...
¡Que bien!
Cuando simulamos el diálogo, el interés,
la piedad, total; ¡reventamos de salud y vida!
Y negociamos: traicionando, menospreciando,
defraudando a nuestro prójimo. A nosotros
mismos en definitiva...
¡Que bien!
Algún día, cuando nos toque llorar y rogar
por un poco de piedad, porque atrás
vienen los otros: los genética y jovialmente
predadores, (inspirados en nosotros,
inspiradores) a toda máquina y gritando:
¡A un lado viejos...!
Que triste.
Llegado ese momento, muchos,
nos defenderemos ¡y hasta mataremos!
Entonces, creo, será cuando Dios,
(ese mito universalmente justo y recto)
se levantará en silencio, se alejará
y acabará olvidándonos... Definitivamente.
¡Que mal!
...
entre amigos, de los amigos, los medio
enemigos y hasta de la muerte...
y hasta del amor.
Cuando se goza a los desgraciados:
por raros, por enfermos, por cornudos.
En fin; a los perdedores en general.
Cuando idolatramos a los descarriados:
asesinos, ladrones, viciosos, suicidas, etc.
¡Que bien!
Cuando blandimos nuestra egolatría
como una espada prepotente, que al fin,
termina hiriéndonos a nosotros mismos
de cruda realidad, pero con la cual,
de momento herimos a los demás.
Con, o sin fundamento...
¡Que bien!
Cuando ocultamos el buen sentimiento
como si fuese sinónimo de estupidez
y vergüenza en vez de honra.
Y a la vez, ¡rápidamente! exponemos,
nuestro ridículo, ególatra escudo falso
de soberbia reglamentario...
¡Que bien!
Cuando simulamos el diálogo, el interés,
la piedad, total; ¡reventamos de salud y vida!
Y negociamos: traicionando, menospreciando,
defraudando a nuestro prójimo. A nosotros
mismos en definitiva...
¡Que bien!
Algún día, cuando nos toque llorar y rogar
por un poco de piedad, porque atrás
vienen los otros: los genética y jovialmente
predadores, (inspirados en nosotros,
inspiradores) a toda máquina y gritando:
¡A un lado viejos...!
Que triste.
Llegado ese momento, muchos,
nos defenderemos ¡y hasta mataremos!
Entonces, creo, será cuando Dios,
(ese mito universalmente justo y recto)
se levantará en silencio, se alejará
y acabará olvidándonos... Definitivamente.
¡Que mal!
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