el poeta maldito
Poeta asiduo al portal
Hijos de la fatalidad
El cruel destino nos ha puesto entre la espada y la pared,
Ay que espada, ay que pared,
Sin padres mentales y sin madres de chocolate.
Deambulando por sendas equivocadas,
Entre laberintos de carne y escalones falsos
¡Caemos! golpeándonos las cabezas
Y levantándonos menos cuerdos.
Si tan solo supiéramos lo que queremos;
¿O es que no queremos?
Nuestra daga de madera nos convierte en creadores,
En dioses desnudos de ciudades utópicas
Donde viven aquellos que huyen del chillido del metal.
Nos divierte el pequeño juego y nos amarga el día la sociedad.
A veces cedemos a placeres carnales,
Pero en verdad ya somos adictos a la soledad.
Entre las encrucijadas que pasamos reímos, sufrimos, lloramos, pero nos reconfortamos. ¡Porque somos únicos!, porque somos extraños
Y por que tal vez sea mejor morir de angustia y no de ceguera.
El cruel destino nos ha puesto entre la espada y la pared,
Ay que espada, ay que pared,
Sin padres mentales y sin madres de chocolate.
Deambulando por sendas equivocadas,
Entre laberintos de carne y escalones falsos
¡Caemos! golpeándonos las cabezas
Y levantándonos menos cuerdos.
Si tan solo supiéramos lo que queremos;
¿O es que no queremos?
Nuestra daga de madera nos convierte en creadores,
En dioses desnudos de ciudades utópicas
Donde viven aquellos que huyen del chillido del metal.
Nos divierte el pequeño juego y nos amarga el día la sociedad.
A veces cedemos a placeres carnales,
Pero en verdad ya somos adictos a la soledad.
Entre las encrucijadas que pasamos reímos, sufrimos, lloramos, pero nos reconfortamos. ¡Porque somos únicos!, porque somos extraños
Y por que tal vez sea mejor morir de angustia y no de ceguera.