guerrero verde
Poeta veterano en el portal.
Casi no había luz en el cuarto, evidentemente era muy tarde y las brujas ya habían tomado el té, quizás eran las dos de la mañana o algo más, la verdad, el tiempo no era muy importante. Transcurrían las horas y seguía dando vueltas entre las sábanas calientes buscando algún fresco refugio que ni la desnudes me podía dar.
Así giré durante horas esa madrugada, en medio de un abandonado hotel en el recotejo más inexplicable del desierto. No había luz ni fuego, la oscuridad domaba el ambiente con gran arte, jugando con mi imaginación, pero de algo estoy seguro, esos ojos verdes eran reales.
Supuse que eran dos, pero sólo se me fue rebelado uno, brillaba al reflejo de alguna estrella, tímido aunque desafiante. Las palabras no salían de mi boca, morían en mi mente sin conseguir hacer real sus notas. El tiempo pasaba lento, pesado, frenándose cada segundo mientras mi corazón se agitaba, doblando el paso de sus latidos hasta que se detuvo al escuchar su voz, era una mujer de tierno tono, quizás, un ángel, pero no creo en dios así que era mujer, -¿Cómo está?- esa fue la pregunta que irrumpió el silencio, ¿qué responder a una extraña pregunta en tal lugar?, bueno eso se lo dejo a ustedes, yo respondí con algo de inconsciencia pero con sinceridad:
-tengo insomnio y me fastidia-
-podemos hablar si lo deseas-
Sorprendido acepté dicha propuesta, olvidando las circunstancias. Me contó su vida, su niñez, el desierto, ella, su casa que era vecina al hotel y su madre que había muerto ayer, lo ultimo me despertó algo pero guardé silencio dejándola relatar su historia.
Con el transcurso de las anécdotas su figura fue apareciendo; tenia cabellos rubios, lacio y, si el olfato no me confunde, llevaba un ligero toque a vainilla. Su rostro blanco, muy pálido, como el suelo lunar aunque igual de hermoso, bella, dirán ustedes, pero la verdad la única forma de comprender esa magnitud inalcanzable del término belleza era verla, pero verla con respeto y mirada noble, casi como rozándola suavemente con los ojos si no se adentraba de nuevo en las sombras.
Cuando el alba empezaba a rebelar la arenosa y árida área donde se localizaba el hotel, su cuerpo tomó una ligera transparencia, la conversación se agilizaba, llenándose de fantásticos piropos, hasta que en medio de las palabras rojas desapareció. ¿Dónde buscarla? Sólo se me ocurrió ir a su casa; al salir del lugar me di cuenta, con sorpresa, que solo existía arena y más arena alrededor y una cruz, apolillada, tenía una inscripción que decía Lucia de la Noche sin Sol.
7/02/....
Así giré durante horas esa madrugada, en medio de un abandonado hotel en el recotejo más inexplicable del desierto. No había luz ni fuego, la oscuridad domaba el ambiente con gran arte, jugando con mi imaginación, pero de algo estoy seguro, esos ojos verdes eran reales.
Supuse que eran dos, pero sólo se me fue rebelado uno, brillaba al reflejo de alguna estrella, tímido aunque desafiante. Las palabras no salían de mi boca, morían en mi mente sin conseguir hacer real sus notas. El tiempo pasaba lento, pesado, frenándose cada segundo mientras mi corazón se agitaba, doblando el paso de sus latidos hasta que se detuvo al escuchar su voz, era una mujer de tierno tono, quizás, un ángel, pero no creo en dios así que era mujer, -¿Cómo está?- esa fue la pregunta que irrumpió el silencio, ¿qué responder a una extraña pregunta en tal lugar?, bueno eso se lo dejo a ustedes, yo respondí con algo de inconsciencia pero con sinceridad:
-tengo insomnio y me fastidia-
-podemos hablar si lo deseas-
Sorprendido acepté dicha propuesta, olvidando las circunstancias. Me contó su vida, su niñez, el desierto, ella, su casa que era vecina al hotel y su madre que había muerto ayer, lo ultimo me despertó algo pero guardé silencio dejándola relatar su historia.
Con el transcurso de las anécdotas su figura fue apareciendo; tenia cabellos rubios, lacio y, si el olfato no me confunde, llevaba un ligero toque a vainilla. Su rostro blanco, muy pálido, como el suelo lunar aunque igual de hermoso, bella, dirán ustedes, pero la verdad la única forma de comprender esa magnitud inalcanzable del término belleza era verla, pero verla con respeto y mirada noble, casi como rozándola suavemente con los ojos si no se adentraba de nuevo en las sombras.
Cuando el alba empezaba a rebelar la arenosa y árida área donde se localizaba el hotel, su cuerpo tomó una ligera transparencia, la conversación se agilizaba, llenándose de fantásticos piropos, hasta que en medio de las palabras rojas desapareció. ¿Dónde buscarla? Sólo se me ocurrió ir a su casa; al salir del lugar me di cuenta, con sorpresa, que solo existía arena y más arena alrededor y una cruz, apolillada, tenía una inscripción que decía Lucia de la Noche sin Sol.
7/02/....