En el viejo jardín,
encima del laurel real,
vivían dos lindos mirlos.
Al llegar la primavera
decidieron hacer un nido
para criar a sus polluelos .
En poco tiempo
el nidito estaba hecho.
La señora Mirla
puso tres hermosos huevos.
Esa tarde salió del nido un ratito,
y al regresar
vio que había un huevo mas.
Preocupada, preguntó a los vecinos.
Un anciano mirlo dijo:
un cuco ha estado en tu nido,
creo que mirando tus huevos.
Preocupada, llamó a su esposo.
Mira marido,
creo que una hembra de cuco
ha puesto un huevo en nuestro nido;
¿qué hacemos?.
La pareja miró largo rato
a su nido y a sus queridos huevos.
Después de pensar mucho
decidieron incubarlos a todos.
A los quince días,
empezaron a romper el cascarón
los delicados polluelos.
Eran todos bonitos y adorables.
Los alimentaron,
les enseñaron a volar.
Ya se desenvolvían solos.
Una mañana soleada
salieron al bosque los seis.
Uno de los pequeños voló muy lejos,
y al atardecer no volvió.
Todos lo estuvieron esperando
muchos días.
El señor Mirlo hizo guardia
noches y noches.
La señora Mirla
lloró desconsoladamente.
Los polluelos se quedaban
mirando al horizonte
por ver si volvía su hermanito.
encima del laurel real,
vivían dos lindos mirlos.
Al llegar la primavera
decidieron hacer un nido
para criar a sus polluelos .
En poco tiempo
el nidito estaba hecho.
La señora Mirla
puso tres hermosos huevos.
Esa tarde salió del nido un ratito,
y al regresar
vio que había un huevo mas.
Preocupada, preguntó a los vecinos.
Un anciano mirlo dijo:
un cuco ha estado en tu nido,
creo que mirando tus huevos.
Preocupada, llamó a su esposo.
Mira marido,
creo que una hembra de cuco
ha puesto un huevo en nuestro nido;
¿qué hacemos?.
La pareja miró largo rato
a su nido y a sus queridos huevos.
Después de pensar mucho
decidieron incubarlos a todos.
A los quince días,
empezaron a romper el cascarón
los delicados polluelos.
Eran todos bonitos y adorables.
Los alimentaron,
les enseñaron a volar.
Ya se desenvolvían solos.
Una mañana soleada
salieron al bosque los seis.
Uno de los pequeños voló muy lejos,
y al atardecer no volvió.
Todos lo estuvieron esperando
muchos días.
El señor Mirlo hizo guardia
noches y noches.
La señora Mirla
lloró desconsoladamente.
Los polluelos se quedaban
mirando al horizonte
por ver si volvía su hermanito.