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Los mirlos del jardin

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
En el viejo jardín,

encima del laurel real,

vivían dos lindos mirlos.



Al llegar la primavera

decidieron hacer un nido

para criar a sus polluelos .



En poco tiempo

el nidito estaba hecho.



La señora Mirla

puso tres hermosos huevos.



Esa tarde salió del nido un ratito,

y al regresar

vio que había un huevo mas.



Preocupada, preguntó a los vecinos.



Un anciano mirlo dijo:

un cuco ha estado en tu nido,

creo que mirando tus huevos.



Preocupada, llamó a su esposo.



Mira marido,

creo que una hembra de cuco

ha puesto un huevo en nuestro nido;

¿qué hacemos?.



La pareja miró largo rato

a su nido y a sus queridos huevos.



Después de pensar mucho

decidieron incubarlos a todos.



A los quince días,

empezaron a romper el cascarón

los delicados polluelos.



Eran todos bonitos y adorables.



Los alimentaron,

les enseñaron a volar.



Ya se desenvolvían solos.



Una mañana soleada

salieron al bosque los seis.



Uno de los pequeños voló muy lejos,

y al atardecer no volvió.



Todos lo estuvieron esperando

muchos días.



El señor Mirlo hizo guardia

noches y noches.



La señora Mirla

lloró desconsoladamente.



Los polluelos se quedaban

mirando al horizonte

por ver si volvía su hermanito.
 
En el viejo jardín,

encima del laurel real,

vivían dos lindos mirlos.



Al llegar la primavera

decidieron hacer un nido

para criar a sus polluelos .



En poco tiempo

el nidito estaba hecho.



La señora Mirla

puso tres hermosos huevos.



Esa tarde salió del nido un ratito,

y al regresar

vio que había un huevo mas.



Preocupada, preguntó a los vecinos.



Un anciano mirlo dijo:

un cuco ha estado en tu nido,

creo que mirando tus huevos.



Preocupada, llamó a su esposo.



Mira marido,

creo que una hembra de cuco

ha puesto un huevo en nuestro nido;

¿qué hacemos?.



La pareja miró largo rato

a su nido y a sus queridos huevos.



Después de pensar mucho

decidieron incubarlos a todos.



A los quince días,

empezaron a romper el cascarón

los delicados polluelos.



Eran todos bonitos y adorables.



Los alimentaron,

les enseñaron a volar.



Ya se desenvolvían solos.



Una mañana soleada

salieron al bosque los seis.



Uno de los pequeños voló muy lejos,

y al atardecer no volvió.



Todos lo estuvieron esperando

muchos días.



El señor Mirlo hizo guardia

noches y noches.



La señora Mirla

lloró desconsoladamente.



Los polluelos se quedaban

mirando al horizonte

por ver si volvía su hermanito.
Bonita historia de los mirlos, pero me gustó más la enseñanza que dejas aquí. Un encanto leerte María. Un abrazo. Por si vuelve, ya tienes otra historia para contar ,creo.
 
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