Los jazmines flotan en el agua,
justo en el centro de la mesa de madera,
que se sitúa exactamente
en el centro de la sala.
Yo estoy en el borde,
encogido de tiempo,
aplastado de urbe,
trato de trepar,
pero no lo consigo,
me sostengo con los dedos,
apenas, temblando.
Trabo una uña
en un relieve de la mesa
y con las piernas colgando,
resisto como puedo.
Más allá de la mesa,
la pared, la ventana,
el tejido mosquitero, la reja.
A un costado la puerta,
y después otra reja,
más allá, la ciudad,
más acá, mi refugio,
a salvo,
por ahora.
Los jazmines flotan,
no se quieren hundir.
Se agarran como yo,
temblando, desesperados.
Ya saben que no están en su sitio,
están en un florero
en medio de una mesa
y es cuenta regresiva.
Y saben como yo,
que luego serán otras las flores,
y empezará de nuevo...
justo en el centro de la mesa de madera,
que se sitúa exactamente
en el centro de la sala.
Yo estoy en el borde,
encogido de tiempo,
aplastado de urbe,
trato de trepar,
pero no lo consigo,
me sostengo con los dedos,
apenas, temblando.
Trabo una uña
en un relieve de la mesa
y con las piernas colgando,
resisto como puedo.
Más allá de la mesa,
la pared, la ventana,
el tejido mosquitero, la reja.
A un costado la puerta,
y después otra reja,
más allá, la ciudad,
más acá, mi refugio,
a salvo,
por ahora.
Los jazmines flotan,
no se quieren hundir.
Se agarran como yo,
temblando, desesperados.
Ya saben que no están en su sitio,
están en un florero
en medio de una mesa
y es cuenta regresiva.
Y saben como yo,
que luego serán otras las flores,
y empezará de nuevo...
Última edición: