Luis Elissamburu
Poeta fiel al portal
La mano que pega
es la misma que acaricia.
El alma que ayuda
luego se inunda
de absurda avaricia.
Ningún extremo
define a la especie humana.
Convive en la cueva,
el pastor de ovejas
con la cruel anciana.
La bruja es la misma
que cuando jóven, sonreía.
Los años dibujaron
ojos sin lágrimas
en su mirada fría.
El niño en su cuna
sueña con bosques lejanos.
Los mismos que corta,
algún tiempo después,
con el hacha de su hermano.
Yo soy también el producto
del vil afán y la sorpresa.
Un cazador sin puntería,
mateando con el zorro
en la misma mesa.
es la misma que acaricia.
El alma que ayuda
luego se inunda
de absurda avaricia.
Ningún extremo
define a la especie humana.
Convive en la cueva,
el pastor de ovejas
con la cruel anciana.
La bruja es la misma
que cuando jóven, sonreía.
Los años dibujaron
ojos sin lágrimas
en su mirada fría.
El niño en su cuna
sueña con bosques lejanos.
Los mismos que corta,
algún tiempo después,
con el hacha de su hermano.
Yo soy también el producto
del vil afán y la sorpresa.
Un cazador sin puntería,
mateando con el zorro
en la misma mesa.