Estrella Cabrera
Poeta adicto al portal
¡Mira que eres feo, niño!
le decían a Pabliño.
¡Já já, qué gordo estás!
se reían de Tomás.
¡Cuatro-ojos, gafotas!
le gritaban a Carlota.
Y a una niña debilucha
le llamaban "La Flacucha".
Y a otro con una gran boca
le decían "Cara-Hucha".
Un día, la profesora
a todos en clase reunió:
"Niños, ya llegó la hora
de aprender una lección,
que me levanten la mano,
aquéllos que, de la clase,
crean que son perfectos."
Todos quedaron callados
sólo alzó el brazo Jesús.
"¡Me va a dar un patatús!"
exclamó la señorita,
"Jesús, ¿tienes tú algún hermano?"
"No, señorita, ninguno."
"Entonces ya no eres perfecto,
así que estáte sentado,
tienes un defecto, uno".
"Pero...soy bastante guapo,
no estoy gordo, ni delgado,
soy listo y espabilado,"
contestó el niño, y la seño:
"Si me lo pones así,
no eres el más indicado,
yo a tu madre oí decir
que en la cama haces pipí."
Jesús se puso encarnado
y ante todas las miradas
lloriqueó avergonzado.
"¿Algún otro de la clase
hay que no tenga defectos
conocidos o... secretos?"
preguntó la señorita,
y respondió Margarita,
la más lista y más bonita:
"Yo no sé si tengo alguno,
y no paro de pensar."
La profesora le dijo:
"¿Te dedicas a insultar?"
Y todos, con la cabeza,
aseguraron que sí.
"¿Lo ves, tu defecto ahí?"
Ahora niños, cogeréis,
libretas y lapiceros
y haréis una redacción
y me pondréis todo aquello
que menos os guste, pero...
no de vuestros compañeros
sino de vosotros y luego
en alto lo leeremos.
Y durante media hora
los niños escribieron
sin parar,y así vieron
que todos tenían cosas
que poner, y comprendieron
que lo que a uno le gusta
puede que no sea bueno
y lo que otro detesta
no es malo, pero insultar
y reírse de lo ajeno
hace sufrir y además
es cruel y pendenciero.
le decían a Pabliño.
¡Já já, qué gordo estás!
se reían de Tomás.
¡Cuatro-ojos, gafotas!
le gritaban a Carlota.
Y a una niña debilucha
le llamaban "La Flacucha".
Y a otro con una gran boca
le decían "Cara-Hucha".
Un día, la profesora
a todos en clase reunió:
"Niños, ya llegó la hora
de aprender una lección,
que me levanten la mano,
aquéllos que, de la clase,
crean que son perfectos."
Todos quedaron callados
sólo alzó el brazo Jesús.
"¡Me va a dar un patatús!"
exclamó la señorita,
"Jesús, ¿tienes tú algún hermano?"
"No, señorita, ninguno."
"Entonces ya no eres perfecto,
así que estáte sentado,
tienes un defecto, uno".
"Pero...soy bastante guapo,
no estoy gordo, ni delgado,
soy listo y espabilado,"
contestó el niño, y la seño:
"Si me lo pones así,
no eres el más indicado,
yo a tu madre oí decir
que en la cama haces pipí."
Jesús se puso encarnado
y ante todas las miradas
lloriqueó avergonzado.
"¿Algún otro de la clase
hay que no tenga defectos
conocidos o... secretos?"
preguntó la señorita,
y respondió Margarita,
la más lista y más bonita:
"Yo no sé si tengo alguno,
y no paro de pensar."
La profesora le dijo:
"¿Te dedicas a insultar?"
Y todos, con la cabeza,
aseguraron que sí.
"¿Lo ves, tu defecto ahí?"
Ahora niños, cogeréis,
libretas y lapiceros
y haréis una redacción
y me pondréis todo aquello
que menos os guste, pero...
no de vuestros compañeros
sino de vosotros y luego
en alto lo leeremos.
Y durante media hora
los niños escribieron
sin parar,y así vieron
que todos tenían cosas
que poner, y comprendieron
que lo que a uno le gusta
puede que no sea bueno
y lo que otro detesta
no es malo, pero insultar
y reírse de lo ajeno
hace sufrir y además
es cruel y pendenciero.
:::hug:::