danie
solo un pensamiento...
Oigo como marchan los pasos en este réquiem,
ecos del silencio en una balumba de proezas muertas
y sueños que claman por los pulmones del cielo.
La danza de azucenas marchitas
en la tierra de los muertos
se hace notar con su fétido
y rancio aroma de boñigas,
deyección de esos sueños que mueren en el intento
antes de llegar a los celajes divinos.
Así, avanza el funeral de una urbe vacía,
un fetiche lascivo de sueños corrompidos,
deseos de hombres con esperanzas perdidas,
anhelos y suspiros decantando en el recóndito abismo.
Y en la calima de un misterio,
sobre el apogeo de las ruinas y los huesos,
yo, un mero espectador, observo
como tropeles de ardientes alados
erradican el lamento.
Sus espadas de fuego derriban las murallas
de una Pompeya que se hunde en el olvido
de la memoria del presente.
Pasan los años, pasan los siglos
y el pueril bufón sin Dios, vuelve a renacer
entre los escombros de esa Babilonia
de sueños muertos
junto con sus azucenas marchitas
y pestilentes.
Arlequines y monigotes en baluartes
y ergástulas con ringleras penosas
hechas de carne leprosa y huesos infectos.