Robert G
Poeta recién llegado
Hoy reviví la locura,
y salí a desandar todos mis sueños,
descalzo y desnudo,
espurio y sucio.
Caminé por sobre pieles rasgadas
hacia tí
y no te encontré.
Sentí el gemido
de amapolas deshojadas,
el llanto de corazones flagelados.
Sentí la envidia
en la mortaja del olvido,
y en el alma impura del silencio grité tu nombre.
Y las palabras despedazadas
te buscaron en el vacío,
inútilmente.
Y nuevamente reviví la locura,
me enfrenté a las redes ignotas de la agonía,
y sentí de nuevo
el escalofrío de tu desdén,
en la podredumbre de mis alturas.
Y no volé,
porque la pena no tiene alas.
Simplemente giré los pasos,
desandé lo caminado,
me despojé de todos mis sentidos,
y cuando a fuerza de razón abrí los ojos,
entonces,
sólo entonces,
caí en tus brazos.
y salí a desandar todos mis sueños,
descalzo y desnudo,
espurio y sucio.
Caminé por sobre pieles rasgadas
hacia tí
y no te encontré.
Sentí el gemido
de amapolas deshojadas,
el llanto de corazones flagelados.
Sentí la envidia
en la mortaja del olvido,
y en el alma impura del silencio grité tu nombre.
Y las palabras despedazadas
te buscaron en el vacío,
inútilmente.
Y nuevamente reviví la locura,
me enfrenté a las redes ignotas de la agonía,
y sentí de nuevo
el escalofrío de tu desdén,
en la podredumbre de mis alturas.
Y no volé,
porque la pena no tiene alas.
Simplemente giré los pasos,
desandé lo caminado,
me despojé de todos mis sentidos,
y cuando a fuerza de razón abrí los ojos,
entonces,
sólo entonces,
caí en tus brazos.