La Sexorcisto
Lluna V. L.
Hay una laguna
a la cual acuden las lobas,
cuando el día está aún
entre la noche y el alba
sin saber que escoger,
en esa transición en que
todo está a flor de piel,
ellas sacian su sed
y de sus colmillos resbalan
gotitas rojas que caen sobre
es el espejo de la superficie,
es entonces cuando parece
que el agua sean manos de difuntos agitándose
en ondas... pero...
Todo esto es una gran imagen circular
que rueda y rueda, un círculo que se hace cada vez más pequeño
hasta convertirse en el ojo inyectado en sangre de la cambiapieles
la salvaje matriarca de la manada,
la diva del plenilunio, cazadora implacable
que conduce al resto, guiada por el olor de la sangre fácil
hasta los viejos muros del corral, que no supone ningún obstáculo
para ella ni para los demás, pues de un salto están dentro
y la carnicería es implacable.
Sangre, patas y cabezas vuelan por el aire, los aullidos son terribles,
ni siquiera los dueños que han acudido para ayudar a su ganado
se salvan de acabar despedazados,
los crucifijos no les han servido para nada, han acabo partidos por tierra,
es la maldición de la lobería, ni el Diablo quiera saber nada ella,
el polvo lunar es la cortina a traspasar, tras la cual
la bestialidad se concentra en adrenalina profunda.
Viejas veredas, sierras perdidas, bosques espesos,
leyendas terribles de pastores que se cuentan con miedo
noches espesas en la que es preferible que la Luna desaparezca,
hechicerías, maldiciones y objetos santos a los que conjurarse,
pero la cambiapieles es la reina de la noche de luna llena,
sus dominios se pliegan a la oscuridad, nadie sabe quién es ella,
muchos inocentes lo han pagado con sus vidas
por acusaciones de gente paranoica y con miedo,
todos ellos saben que también les llegará la hora...
Y la visión de madre licántropo se vuelve a deshacer
mientras retorna a su forma y los ojos vuelven a adaptar la forma humana,
observa con tranquilidad como la manada está correteando
por el borde la laguna, todos están alegres, hay nuevos cachorros,
los aullidos rompen la mañana fría que al fin llega,
el aliento se ve salir de sus hocicos en las primeriza luces del albor,
aún les queda una próxima noche más de plenilunio para cazar.
Cuando el cambio de todo su cuerpo está contemplado,
ella se tapa con una capa y se marcha, cortando con su figura el Sol en dos.
a la cual acuden las lobas,
cuando el día está aún
entre la noche y el alba
sin saber que escoger,
en esa transición en que
todo está a flor de piel,
ellas sacian su sed
y de sus colmillos resbalan
gotitas rojas que caen sobre
es el espejo de la superficie,
es entonces cuando parece
que el agua sean manos de difuntos agitándose
en ondas... pero...
Todo esto es una gran imagen circular
que rueda y rueda, un círculo que se hace cada vez más pequeño
hasta convertirse en el ojo inyectado en sangre de la cambiapieles
la salvaje matriarca de la manada,
la diva del plenilunio, cazadora implacable
que conduce al resto, guiada por el olor de la sangre fácil
hasta los viejos muros del corral, que no supone ningún obstáculo
para ella ni para los demás, pues de un salto están dentro
y la carnicería es implacable.
Sangre, patas y cabezas vuelan por el aire, los aullidos son terribles,
ni siquiera los dueños que han acudido para ayudar a su ganado
se salvan de acabar despedazados,
los crucifijos no les han servido para nada, han acabo partidos por tierra,
es la maldición de la lobería, ni el Diablo quiera saber nada ella,
el polvo lunar es la cortina a traspasar, tras la cual
la bestialidad se concentra en adrenalina profunda.
Viejas veredas, sierras perdidas, bosques espesos,
leyendas terribles de pastores que se cuentan con miedo
noches espesas en la que es preferible que la Luna desaparezca,
hechicerías, maldiciones y objetos santos a los que conjurarse,
pero la cambiapieles es la reina de la noche de luna llena,
sus dominios se pliegan a la oscuridad, nadie sabe quién es ella,
muchos inocentes lo han pagado con sus vidas
por acusaciones de gente paranoica y con miedo,
todos ellos saben que también les llegará la hora...
Y la visión de madre licántropo se vuelve a deshacer
mientras retorna a su forma y los ojos vuelven a adaptar la forma humana,
observa con tranquilidad como la manada está correteando
por el borde la laguna, todos están alegres, hay nuevos cachorros,
los aullidos rompen la mañana fría que al fin llega,
el aliento se ve salir de sus hocicos en las primeriza luces del albor,
aún les queda una próxima noche más de plenilunio para cazar.
Cuando el cambio de todo su cuerpo está contemplado,
ella se tapa con una capa y se marcha, cortando con su figura el Sol en dos.