dark-maiden
Poeta fiel al portal
Nunca me abrazaste.
No lo buscaba, no lo quería, mas lo pretendía.
Convertí tus saludos en mi pan de cada día.
Me esperaba en la barandilla para oler tu armonía.
Le di sentido a horas desidiosas.
Tu sola presencia, tus susurros hacia mi persona.
Ahora me siento en los mismos bancos.
Selecciono los mismos vagones de ferrocarril.
Pensé que tu sola existencia podía socorrer mi pena.
Encadenada al trabajo de mi pasión,
disociando el maltrato de mi jefe.
Mi vuelta a casa era mágica, surrealista.
Me había convertido en un personaje adicional
de Juan Rulfo, surcando los recuerdos fantasmales
de Comala, transformada en súbdita de Páramo.
Dediqué profundos instantes a observarte.
Imploré porque nuestros encuentros fugaces,
estallasen como un asteroide perdido contra
la superficie de un planeta alejado de la Tierra.
El silencio lo embriagaba todo, durante meses de espera.
El silencio lo emborronó todo, durante segundos de rabia.
Engañada en mi propia ilusión.
Enturbiada por tus propias esperanzas.
¿Qué es mi poesía para ti?
Soy una esclava del capitalismo de nacimiento,
pero tú eres un cautivo eterno del dinero.
Mi estatus no era el que esperabas,
lamento ser una humilde trabajadora,
me disculpo por ser como el común de los mortales.
Esperabas una aristócrata siendo tú un labriego.
Esperabas una noble siendo tú un jornalero.
Esperabas una mujer rica siendo tú un huertano.
Esperabas una mujer que resolviese tu vida
sin enredar tu mente.
Lo siento amado.
Nunca más volveré a nuestro encuentro.
Cuando llegué a la cima, estarás a mis pies.
Todo volverá a ser como antes, retomaremos
lo que no pudo ser, y pondremos fin a nuestros
anhelos con un desenlace de cuentos de hadas.
Lo siento amado.
Tengo el orgullo de Alejandro Magno.
Tengo la dignidad de la Virgen María.
Tengo la honestidad de Sócrates:
scio me nihil scire.
Lo único que sé es que lo siento amado.
Pasaré por tu lado, oliendo a las rosas que
ya no te buscan ni te pretenden.
Me sentaré a tu lado, como una desconocida.
Me convertiré en lo que quieres:
un objeto de poder pecuniario.
Lo siento amado
Mira como me engalano con coronas de laureles.
Estoy sentada a los pies de la victoria.
¿Dónde perdiste tu corona?
No lo buscaba, no lo quería, mas lo pretendía.
Convertí tus saludos en mi pan de cada día.
Me esperaba en la barandilla para oler tu armonía.
Le di sentido a horas desidiosas.
Tu sola presencia, tus susurros hacia mi persona.
Ahora me siento en los mismos bancos.
Selecciono los mismos vagones de ferrocarril.
Pensé que tu sola existencia podía socorrer mi pena.
Encadenada al trabajo de mi pasión,
disociando el maltrato de mi jefe.
Mi vuelta a casa era mágica, surrealista.
Me había convertido en un personaje adicional
de Juan Rulfo, surcando los recuerdos fantasmales
de Comala, transformada en súbdita de Páramo.
Dediqué profundos instantes a observarte.
Imploré porque nuestros encuentros fugaces,
estallasen como un asteroide perdido contra
la superficie de un planeta alejado de la Tierra.
El silencio lo embriagaba todo, durante meses de espera.
El silencio lo emborronó todo, durante segundos de rabia.
Engañada en mi propia ilusión.
Enturbiada por tus propias esperanzas.
¿Qué es mi poesía para ti?
Soy una esclava del capitalismo de nacimiento,
pero tú eres un cautivo eterno del dinero.
Mi estatus no era el que esperabas,
lamento ser una humilde trabajadora,
me disculpo por ser como el común de los mortales.
Esperabas una aristócrata siendo tú un labriego.
Esperabas una noble siendo tú un jornalero.
Esperabas una mujer rica siendo tú un huertano.
Esperabas una mujer que resolviese tu vida
sin enredar tu mente.
Lo siento amado.
Nunca más volveré a nuestro encuentro.
Cuando llegué a la cima, estarás a mis pies.
Todo volverá a ser como antes, retomaremos
lo que no pudo ser, y pondremos fin a nuestros
anhelos con un desenlace de cuentos de hadas.
Lo siento amado.
Tengo el orgullo de Alejandro Magno.
Tengo la dignidad de la Virgen María.
Tengo la honestidad de Sócrates:
scio me nihil scire.
Lo único que sé es que lo siento amado.
Pasaré por tu lado, oliendo a las rosas que
ya no te buscan ni te pretenden.
Me sentaré a tu lado, como una desconocida.
Me convertiré en lo que quieres:
un objeto de poder pecuniario.
Lo siento amado
Mira como me engalano con coronas de laureles.
Estoy sentada a los pies de la victoria.
¿Dónde perdiste tu corona?