Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Lo sentimos muchísimo,
dijo el hombre de la bata blanca
mientras inspeccionaba las grietas en el músculo marchito,
ese amasijo de sangre y silencio,
donde alguna vez brillaron las estrellas.
Este corazón ya no ama,
ha colgado sus sueños en un perchero oxidado
y dejado que el polvo cubra las promesas,
como un viejo cuaderno olvidado
en el rincón oscuro de algún cuarto cerrado.
Lo sentimos muchísimo,
repitió, con una media sonrisa de clemencia.
No queda en él rastro de latido que retumbe
cuando se pronuncian nombres, cuando el mundo gira.
No hay destellos en la sangre ni fiebre en las venas.
Este corazón ya no ama, dijo, y se fue.
Así, sin ceremonia,
como un libro que nunca se abrirá otra vez,
sin la rabia de un adiós o el eco de un reproche.
Tan solo el murmullo tenue
de algo que se apaga lentamente
en la penumbra de su propia soledad.
Y mientras el sol caía en silencio,
ese viejo corazón seguía allí,
detenido en su propio exilio,
donde ya no duele, ni ama, ni recuerda,
un corazón que, alguna vez lleno de
palabras, ahora simplemente calla.
dijo el hombre de la bata blanca
mientras inspeccionaba las grietas en el músculo marchito,
ese amasijo de sangre y silencio,
donde alguna vez brillaron las estrellas.
Este corazón ya no ama,
ha colgado sus sueños en un perchero oxidado
y dejado que el polvo cubra las promesas,
como un viejo cuaderno olvidado
en el rincón oscuro de algún cuarto cerrado.
Lo sentimos muchísimo,
repitió, con una media sonrisa de clemencia.
No queda en él rastro de latido que retumbe
cuando se pronuncian nombres, cuando el mundo gira.
No hay destellos en la sangre ni fiebre en las venas.
Este corazón ya no ama, dijo, y se fue.
Así, sin ceremonia,
como un libro que nunca se abrirá otra vez,
sin la rabia de un adiós o el eco de un reproche.
Tan solo el murmullo tenue
de algo que se apaga lentamente
en la penumbra de su propia soledad.
Y mientras el sol caía en silencio,
ese viejo corazón seguía allí,
detenido en su propio exilio,
donde ya no duele, ni ama, ni recuerda,
un corazón que, alguna vez lleno de
palabras, ahora simplemente calla.
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