Odisea
Poeta recién llegado
Suele decirme cada tanto el misterio
que si no encuentro cura alguna
el mundo no será el mismo,
y mi mente no tendrá libros
que si no encuentro cura alguna
el mundo no será el mismo,
y mi mente no tendrá libros
¿Dónde parirán los cuerpos celestes?
Estamos al borde de los números
que forman los ríos y los bosques;
pensaste en mis manos y abriste las puertas,
dime quién podrá callar a los niños del cielo.
Suele decirme la piel de vidrio
que dentro de ella pernoctan
los ojos taciturnos del insondable universo.
Tengo el verbo que habla con la semilla,
el prado repleto de epifanías,
cual melifluo sonido
de los trece párrafos,
que al escribirse se irradia
la medula de la existencia.
En párpados negros que vuelan
sobre los reinos asonantes,
donde todos prefieren
escuchar aquello que dictan
las resurrecciones de la virtud.
Estamos al borde de los números
que forman los ríos y los bosques;
pensaste en mis manos y abriste las puertas,
dime quién podrá callar a los niños del cielo.
Suele decirme la piel de vidrio
que dentro de ella pernoctan
los ojos taciturnos del insondable universo.
Tengo el verbo que habla con la semilla,
el prado repleto de epifanías,
cual melifluo sonido
de los trece párrafos,
que al escribirse se irradia
la medula de la existencia.
En párpados negros que vuelan
sobre los reinos asonantes,
donde todos prefieren
escuchar aquello que dictan
las resurrecciones de la virtud.