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Lo que he sido yo...

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
He sido un río que no deja de correr,
a veces limpio, otras revuelto,
pero siempre con el mismo propósito: llegar.
He sido un árbol que da sombra y frutos,
aunque algunos solo miren las hojas secas
o tropiecen con las raíces que intentan abrazar la tierra.

He sido el que da la mano,
el que escucha cuando el silencio pesa,
el que se rompe en mil pedazos y aun así encuentra la manera de dar un poco más.
A veces fui el extraño en las miradas de los otros, el que no encajaba porque no sabía ser menos, porque no podía callar cuando el corazón gritaba, porque siempre me negué a cerrar la puerta al dolor de quien se acercaba.

A los que me acompañaron,
los que vieron más allá de mis torpezas,
que amaron mi caos y mi calma,
a ellos les debo el alma que llevo.
Sin sus manos sosteniendo las mías,
sin sus palabras que a veces llegaron como puentes, quizá me habría perdido en mi propio laberinto.

A los que me rechazaron,
que me vieron como demasiado, como poco, como nada, les agradezco también.
Ellos, sin saberlo, me enseñaron a amar mis cicatrices, a ser más humano, más sensible,
a entender que la herida también puede florecer y que incluso en el rechazo hay belleza ,porque revela el valor de quienes se quedan.

He sido tantas cosas,
y todavía no dejo de ser.
Un hombre agradecido,
lleno de nombres, risas y lágrimas que no son solo mías, porque cada rostro que pasó dejó su huella, porque cada abrazo, cada mirada, me hizo un poco más yo,
más completo, más vivo.

Y aquí estoy,
donde los días me han traído,
agradecido por lo que
soy y por todo lo que aún no sé que puedo ser.
 
Última edición:
He sido un río que no deja de correr,
a veces limpio, otras revuelto,
pero siempre con el mismo propósito: llegar.
He sido un árbol que da sombra y frutos,
aunque algunos solo miren las hojas secas
o tropiecen con las raíces que intentan abrazar la tierra.

He sido el que da la mano,
el que escucha cuando el silencio pesa,
el que se rompe en mil pedazos y aun así encuentra la manera de dar un poco más.
A veces fui el extraño en las miradas de los otros, el que no encajaba porque no sabía ser menos, porque no podía callar cuando el corazón gritaba, porque siempre me negué a cerrar la puerta al dolor de quien se acercaba.

A los que me acompañaron,
los que vieron más allá de mis torpezas,
que amaron mi caos y mi calma,
a ellos les debo el alma que llevo.
Sin sus manos sosteniendo las mías,
sin sus palabras que a veces llegaron como puentes, quizá me habría perdido en mi propio laberinto.

A los que me rechazaron,
que me vieron como demasiado, como poco, como nada, les agradezco también.
Ellos, sin saberlo, me enseñaron a amar mis cicatrices, a ser más humano, más sensible,
a entender que la herida también puede florecer y que incluso en el rechazo hay belleza ,porque revela el valor de quienes se quedan.

He sido tantas cosas,
y todavía no dejo de ser.
Un hombre agradecido,
lleno de nombres, risas y lágrimas que no son solo mías, porque cada rostro que pasó dejó su huella, porque cada abrazo, cada mirada, me hizo un poco más yo,
más completo, más vivo.

Y aquí estoy,
donde los días me han traído,
agradecido por lo que
soy y por todo lo que aún no sé que puedo ser.
En buena lid, ha sido un entusiasta de la vida y un buen consejero.

Saludos
 
He sido un río que no deja de correr,
a veces limpio, otras revuelto,
pero siempre con el mismo propósito: llegar.
He sido un árbol que da sombra y frutos,
aunque algunos solo miren las hojas secas
o tropiecen con las raíces que intentan abrazar la tierra.

He sido el que da la mano,
el que escucha cuando el silencio pesa,
el que se rompe en mil pedazos y aun así encuentra la manera de dar un poco más.
A veces fui el extraño en las miradas de los otros, el que no encajaba porque no sabía ser menos, porque no podía callar cuando el corazón gritaba, porque siempre me negué a cerrar la puerta al dolor de quien se acercaba.

A los que me acompañaron,
los que vieron más allá de mis torpezas,
que amaron mi caos y mi calma,
a ellos les debo el alma que llevo.
Sin sus manos sosteniendo las mías,
sin sus palabras que a veces llegaron como puentes, quizá me habría perdido en mi propio laberinto.

A los que me rechazaron,
que me vieron como demasiado, como poco, como nada, les agradezco también.
Ellos, sin saberlo, me enseñaron a amar mis cicatrices, a ser más humano, más sensible,
a entender que la herida también puede florecer y que incluso en el rechazo hay belleza ,porque revela el valor de quienes se quedan.

He sido tantas cosas,
y todavía no dejo de ser.
Un hombre agradecido,
lleno de nombres, risas y lágrimas que no son solo mías, porque cada rostro que pasó dejó su huella, porque cada abrazo, cada mirada, me hizo un poco más yo,
más completo, más vivo.

Y aquí estoy,
donde los días me han traído,
agradecido por lo que
soy y por todo lo que aún no sé que puedo ser.

Me ha gustado mucho!
 
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