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Lo cotidiano

Antares

Poeta adicto al portal
LO COTIDIANO

Bajo el cielo púrpura de un cálido verano
aún sin amanecer, las persianas resguardan
un bello sueño.
Pronto el estricto despertador sonará…
Él sabe de las horas de lo habitual.
Una taza de café y las ropas
desperdigadas por el sofá.
Mi orden en el desorden.

Camino hacia el autobús.
El barrendero repone las bolsas de las papeleras.
Aún hay oscuridad y la calle duerme, silencio.
Las farolas se apagan al unísono.

En el autobús saludo al conductor.
La rutina diaria
nos hace conocedores de otras vidas.
Durante el trayecto,
en la radio suena una canción:
“Wish you were here”,
me transporta a un pasado
dichoso y efímero a la vez.

Ya en el trabajo
reinicio el pensamiento de lo real.
El sueño se dejó caer en el espacio que dejó.
Hablan, hablan…
Me doy cuenta de que las personas
hablan mucho y escuchan poco.

Hoy el calor se incrustó en la piel
como piedra volcánica. Huele a campo seco.
De vuelta a casa,
bebo a sorbos los tragos de luz del atardecer.
Tumbada cómodamente,
leo algún poema de amor
que quedó colgado en el tiempo.

Soy feliz en la aceptación de lo frecuente,
porque es en lo cotidiano donde existo,
donde la realidad se hace sueño y viceversa.
Es el presente donde dejo mi esencia
de lo que veo, huelo, toco y siento.

Ahora la noche invita al descanso.
Desde mi ventana, en pleno solsticio de verano,
observo como Venus deslumbra a Júpiter.

 
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LO COTIDIANO

Bajo el cielo púrpura de un cálido verano
aún sin amanecer, las persianas resguardan
un bello sueño.
Pronto el estricto despertador sonará…
Él sabe de las horas de lo habitual.
Una taza de café y las ropas
desperdigadas por el sofá.
Mi orden en el desorden.

Camino hacia el autobús.
El barrendero repone las bolsas de las papeleras.
Aún hay oscuridad y la calle duerme, silencio.
Las farolas se apagan al unísono.

En el autobús saludo al conductor.
La rutina diaria
nos hace conocedores de otras vidas.
Durante el trayecto,
en la radio suena una canción:
“Wish you were here”,
me transporta a un pasado
dichoso y efímero a la vez.

Ya en el trabajo
reinicio el pensamiento de lo real.
El sueño se dejó caer en el espacio que dejó.
Hablan, hablan…
Me doy cuenta de que las personas
hablan mucho y escuchan poco.

Hoy el calor se incrustó en la piel
como piedra volcánica. Huele a campo seco.
De vuelta a casa,
bebo a sorbos los tragos de luz del atardecer.
Tumbada cómodamente,
leo algún poema de amor
que quedó colgado en el tiempo.

Soy feliz en la aceptación de lo frecuente,
porque es en lo cotidiano donde existo,
donde la realidad se hace dueño y viceversa.
Es el presente donde dejo mi esencia
de lo que veo, huelo, toco y siento.

Ahora la noche invita al descanso.
Desde mi ventana, en pleno solsticio de verano,
observo como Venus deslumbra a Júpiter.

La felicidad puede encontrarse en los rincones más trivializados de la vida diaria.
Lo cotidiano a veces se convierte en pasajero.

Saludos
 
Me encantó la propuesta: ese quehacer cotidiano; la individualidad de nuestro pequeño estar aquí frente al mundo; la referencia certera a la canción de Pink Floyd...

Enhorabuena. Un cordial saludo.
 
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