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Lluvia

Alfonso Sáenz

Poeta recién llegado
Hache dos horas que empezó tu fino y frío lagrimeo, querida mía, fuiste divina
mucho antes de ser por nosotros conocida, para la tierra eres agua bendita, pues otorgas
vida sin siquiera ser concebida. Instrumento de Euterpe también eres, tus agudas gotas se
hacen melodía en los patios y terrazas, en las calles y las plazas, en las buenas y las malas.

Eres el cristalino vestido que, para ser visto, viste el éter. Rondas valles, rondas
muelles y te maquillas en veces con atardeceres. Los amantes te respiran entre ellos, los
ancianos te disfrutan en sus largos desvelos; todos te añoramos, todos te queremos, y para
seguir siendo sincero, la belleza es sólo tu reflejo.

Afortunado Tláloc, que desposó tu poder celeste, afortunados todos los que con ojos
cerrados te sienten
 
Hache dos horas que empezó tu fino y frío lagrimeo, querida mía, fuiste divina
mucho antes de ser por nosotros conocida, para la tierra eres agua bendita, pues otorgas
vida sin siquiera ser concebida. Instrumento de Euterpe también eres, tus agudas gotas se
hacen melodía en los patios y terrazas, en las calles y las plazas, en las buenas y las malas.

Eres el cristalino vestido que, para ser visto, viste el éter. Rondas valles, rondas
muelles y te maquillas en veces con atardeceres. Los amantes te respiran entre ellos, los
ancianos te disfrutan en sus largos desvelos; todos te añoramos, todos te queremos, y para
seguir siendo sincero, la belleza es sólo tu reflejo.

Afortunado Tláloc, que desposó tu poder celeste, afortunados todos los que con ojos
cerrados te sienten
Me gustó este escrito.
Con estilo y elocuencia.

Saludos
 
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