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Llovía

dragon_ecu

Esporádico permanente
Y la lluvia seguía,
inundando cada pedazo de tierra sedienta...
hasta que esta vomitaba sus lodos,
curtidos por los engaños
que tanto había venido tragando.
Limpiaba no solo la calzada y el parque,
arrastraba musicalmente toda ruidostesia,
callando los cantos de las ranas y los grillos
para que uno ni otro
pudiera copular,
o comerse al otro,
o ser comido por el uno.
Cada gota era cristal
afilado que cortaba el aire
apestando el ambiente
de petricor primero
y luego de albañal
con toda la mugre de los cielos
infestados de ideoterías
y rezos de odio.
Pero fluye el agua guardando la guadaña
que cortara alguna vez la caña azucarada y melosa
entre los cantos negros del ingenio
del barco que alegre les trajera
a civilizar una tierra carente de color
y calor.
Las penas y odios se han ido
aguas abajo por donde el cauce pueda
para depositar el dolor angustiado
en aquellos recovecos olvidados tras los votos.
Ninguna fe puede salvar el espíritu
de quienes dicen ser salvadores cuando
son solo mentirosos ladrones.
No respetan las tumbas frescas,
porque no respetan las tumbas viejas,
ni respetan la historia cierta,
para validar falsos recuerdos
de menorias adhiectas
a una conveniencia.
Los gazapos brincan los gazebos
para esconder en los bagazos
cada trozo inútil para el hombre
pero imprescindible para el polifemo histolítico.
¿Dije que llovía?
¿O es la saliva que no para de salpicar?

Si al menos fuera salina
como aquel maná que brotara entre piernas
desde Venus en sus montes
ríos abajo hasta el badajo...
 
Y la lluvia seguía,
inundando cada pedazo de tierra sedienta...
hasta que esta vomitaba sus lodos,
curtidos por los engaños
que tanto había venido tragando.
Limpiaba no solo la calzada y el parque,
arrastraba musicalmente toda ruidostesia,
callando los cantos de las ranas y los grillos
para que uno ni otro
pudiera copular,
o comerse al otro,
o ser comido por el uno.
Cada gota era cristal
afilado que cortaba el aire
apestando el ambiente
de petricor primero
y luego de albañal
con toda la mugre de los cielos
infestados de ideoterías
y rezos de odio.
Pero fluye el agua guardando la guadaña
que cortara alguna vez la caña azucarada y melosa
entre los cantos negros del ingenio
del barco que alegre les trajera
a civilizar una tierra carente de color
y calor.
Las penas y odios se han ido
aguas abajo por donde el cauce pueda
para depositar el dolor angustiado
en aquellos recovecos olvidados tras los votos.
Ninguna fe puede salvar el espíritu
de quienes dicen ser salvadores cuando
son solo mentirosos ladrones.
No respetan las tumbas frescas,
porque no respetan las tumbas viejas,
ni respetan la historia cierta,
para validar falsos recuerdos
de menorias adhiectas
a una conveniencia.
Los gazapos brincan los gazebos
para esconder en los bagazos
cada trozo inútil para el hombre
pero imprescindible para el polifemo histolítico.
¿Dije que llovía?
¿O es la saliva que no para de salpicar?

Si al menos fuera salina
como aquel maná que brotara entre piernas
desde Venus en sus montes
ríos abajo hasta el badajo...
Deja una moraleja: quedarnos y aprovechar de lo bueno, y apartar lo malo.

Saludos
 
Y la lluvia seguía,
inundando cada pedazo de tierra sedienta...
hasta que esta vomitaba sus lodos,
curtidos por los engaños
que tanto había venido tragando.
Limpiaba no solo la calzada y el parque,
arrastraba musicalmente toda ruidostesia,
callando los cantos de las ranas y los grillos
para que uno ni otro
pudiera copular,
o comerse al otro,
o ser comido por el uno.
Cada gota era cristal
afilado que cortaba el aire
apestando el ambiente
de petricor primero
y luego de albañal
con toda la mugre de los cielos
infestados de ideoterías
y rezos de odio.
Pero fluye el agua guardando la guadaña
que cortara alguna vez la caña azucarada y melosa
entre los cantos negros del ingenio
del barco que alegre les trajera
a civilizar una tierra carente de color
y calor.
Las penas y odios se han ido
aguas abajo por donde el cauce pueda
para depositar el dolor angustiado
en aquellos recovecos olvidados tras los votos.
Ninguna fe puede salvar el espíritu
de quienes dicen ser salvadores cuando
son solo mentirosos ladrones.
No respetan las tumbas frescas,
porque no respetan las tumbas viejas,
ni respetan la historia cierta,
para validar falsos recuerdos
de menorias adhiectas
a una conveniencia.
Los gazapos brincan los gazebos
para esconder en los bagazos
cada trozo inútil para el hombre
pero imprescindible para el polifemo histolítico.
¿Dije que llovía?
¿O es la saliva que no para de salpicar?

Si al menos fuera salina
como aquel maná que brotara entre piernas
desde Venus en sus montes
ríos abajo hasta el badajo...

Excelente amigo Dragón una muy interesante y amena lectura, enhorabuena. Un cálido saludo con el deseo de que tengas un estupendo fin de semana!
 
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