danie
solo un pensamiento...
Llora el pájaro bobo,
el pájaro de piedra.
Lloran las lágrimas
que revuelven estrellas
entre los escrúpulos
que son ecos de los ruidos
(del latifundio de las larvas y las penas).
Arañando paredes
con uñas de corales,
de tierra,
de cumbres,
de crestas doradas
por la orina de un vejiga sin tregua,
de galvanizadas llanuras
de senos
con manto de polvo
y eyaculaciones de un averno.
Llora el albor de las parvas
teñidos de corpóreos abismos.
Las bocas boqueando oxígeno,
lloran sobre los mármoles
vestidos con el hollín del Pacífico.
Llora la nada
ante su envase de carne vacía
y el nihilismo de las nubes
dispersas
en la corteza de la voz
(portátil privación de la mortaja de la mente).
Lloran mis manos
con letras nubíferas ,
con el cansancio trémulo de un oficio,
con el sudor del pergamino
y sus recovecos grisáceos.
Lloran y escarban en la historia,
en los fragmentos de los témpanos y sus esqueletos,
en los rostros púdicos del tiempo.
Lloran los sonámbulos días
con espejismos de noches
mientras transitan las bóvedas
que enclaustran a esta descarada
poesía.
Llora y con falencias escribe la Gristenia
en su Plexilio,
en los volúmenes
que fecundan el humus del cielo.
Llora el funerario espectro del carcelero,
el asfixiante reflejo del fiel a su terno,
el derruido vomito
derramado
en estas páginas yertas.
el pájaro de piedra.
Lloran las lágrimas
que revuelven estrellas
entre los escrúpulos
que son ecos de los ruidos
(del latifundio de las larvas y las penas).
Arañando paredes
con uñas de corales,
de tierra,
de cumbres,
de crestas doradas
por la orina de un vejiga sin tregua,
de galvanizadas llanuras
de senos
con manto de polvo
y eyaculaciones de un averno.
Llora el albor de las parvas
teñidos de corpóreos abismos.
Las bocas boqueando oxígeno,
lloran sobre los mármoles
vestidos con el hollín del Pacífico.
Llora la nada
ante su envase de carne vacía
y el nihilismo de las nubes
dispersas
en la corteza de la voz
(portátil privación de la mortaja de la mente).
Lloran mis manos
con letras nubíferas ,
con el cansancio trémulo de un oficio,
con el sudor del pergamino
y sus recovecos grisáceos.
Lloran y escarban en la historia,
en los fragmentos de los témpanos y sus esqueletos,
en los rostros púdicos del tiempo.
Lloran los sonámbulos días
con espejismos de noches
mientras transitan las bóvedas
que enclaustran a esta descarada
poesía.
Llora y con falencias escribe la Gristenia
en su Plexilio,
en los volúmenes
que fecundan el humus del cielo.
Llora el funerario espectro del carcelero,
el asfixiante reflejo del fiel a su terno,
el derruido vomito
derramado
en estas páginas yertas.