SergioPuch
Poeta recién llegado
La arena adormecía lentamente los pies de los ladrones, la huella de sus calzados se borraba del mapa al son de las pequeñas tormentas de arena que recorrían el desierto. Desierto que se propusieron cruzar tras haber concluido en que sus vidas no valían la pena; mereciéndose el peor de los castigos, agonizando en pensamiento, cuerpo y alma.
No le dijiste a tu madre. No, no le dije. Mi esposa tampoco lo sabe, entonces todo bien. ¿Traes agua? Traigo una cantimplora sin agua, así el daño psicológico será peor; digamos que sí quiero sufrir. Perfecto, nos fuimos.
La travesía al suicidio había comenzado a las seis de la mañana, ahí podremos caminar con tranquilidad, no sufriremos mucho. La idea de un suicidio es no poder revocarlo; es así como establecimos que a medio día estaríamos en medio del campo dorado, sin opciones de poder regresar; en caso pudiésemos moriríamos deshidratados o algo por el estilo.
Hemos decidido hablar mucho, quiero que le garganta se me seque rápido. Espera, no, aún no; lleguemos a la mitad. Tienes razón, nos callamos hasta que el sol anduvo en nuestras cabezas, azotándonos con sus magnánimos rayos, aturdiendo nuestros ignotos pensamientos.
Hombre; traes la cantimplora, vamos, aviéntala. ¿Por qué me golpeas? Porque no tiene agua, imbécil, debiste haberla llenado. Lo siento, se me olvidó Hombre, ¡La luna, la veo! Todo se oscurece; la noche ,¡veo la noche!. Reacciona cojudo, qué haces echado, por qué cierras los ojos. Levántate y avanza.
Estoy muriendo, ayúdame. No quiero estar acá, amo a mi esposa; robé por ella, maté por ella: muero por ella. Pero hombre, ya estamos acá no hay forma de salir. Mira mis pies, no puedo caminar. Tienes razón, mi espalda se incendia. No quiero morir. Yo tampoco. Corramos así llegaremos pronto.
Ya no puedo más. ¿Me ves? Mírame que quiero verte, qué hemos hecho. Ven aquí compadre, llora en mi hombro, lloremos juntos (por primera vez sin alcohol) en medio del desierto que calcina nuestra lacerada piel En medio de nuestras penas y nuestra desordenada vida
¡Eso es! Hombre llora, sigue llorando. La cantimplora, aviéntala. No tengo fuerzas. No; está bien guarda tus lágrimas mientras la recojo. Llora hombre, llora. Recuerda tus tristezas, tus niñas y tus esposas. Llora por la luna, por la vida y por la muerte Llora y no dejes de llorar. Vive para llorar y llora para vivir.
Quiero a mi esposa. Los mocos se te caen compadre. Ven acá a mis brazos. Mira, la llenaste camarada. Todo está bien, solo hay que llorar. Ahora llora tú pues, hermano. Llora de emoción. Bebe y luego llora. Bebió de las lágrimas y lloró de emoción.
Luego el cielo lloró con ellos y vivieron porque lloraron. Ahora lloran porque viven y viven porque lloraron.
No le dijiste a tu madre. No, no le dije. Mi esposa tampoco lo sabe, entonces todo bien. ¿Traes agua? Traigo una cantimplora sin agua, así el daño psicológico será peor; digamos que sí quiero sufrir. Perfecto, nos fuimos.
La travesía al suicidio había comenzado a las seis de la mañana, ahí podremos caminar con tranquilidad, no sufriremos mucho. La idea de un suicidio es no poder revocarlo; es así como establecimos que a medio día estaríamos en medio del campo dorado, sin opciones de poder regresar; en caso pudiésemos moriríamos deshidratados o algo por el estilo.
Hemos decidido hablar mucho, quiero que le garganta se me seque rápido. Espera, no, aún no; lleguemos a la mitad. Tienes razón, nos callamos hasta que el sol anduvo en nuestras cabezas, azotándonos con sus magnánimos rayos, aturdiendo nuestros ignotos pensamientos.
Hombre; traes la cantimplora, vamos, aviéntala. ¿Por qué me golpeas? Porque no tiene agua, imbécil, debiste haberla llenado. Lo siento, se me olvidó Hombre, ¡La luna, la veo! Todo se oscurece; la noche ,¡veo la noche!. Reacciona cojudo, qué haces echado, por qué cierras los ojos. Levántate y avanza.
Estoy muriendo, ayúdame. No quiero estar acá, amo a mi esposa; robé por ella, maté por ella: muero por ella. Pero hombre, ya estamos acá no hay forma de salir. Mira mis pies, no puedo caminar. Tienes razón, mi espalda se incendia. No quiero morir. Yo tampoco. Corramos así llegaremos pronto.
Ya no puedo más. ¿Me ves? Mírame que quiero verte, qué hemos hecho. Ven aquí compadre, llora en mi hombro, lloremos juntos (por primera vez sin alcohol) en medio del desierto que calcina nuestra lacerada piel En medio de nuestras penas y nuestra desordenada vida
¡Eso es! Hombre llora, sigue llorando. La cantimplora, aviéntala. No tengo fuerzas. No; está bien guarda tus lágrimas mientras la recojo. Llora hombre, llora. Recuerda tus tristezas, tus niñas y tus esposas. Llora por la luna, por la vida y por la muerte Llora y no dejes de llorar. Vive para llorar y llora para vivir.
Quiero a mi esposa. Los mocos se te caen compadre. Ven acá a mis brazos. Mira, la llenaste camarada. Todo está bien, solo hay que llorar. Ahora llora tú pues, hermano. Llora de emoción. Bebe y luego llora. Bebió de las lágrimas y lloró de emoción.
Luego el cielo lloró con ellos y vivieron porque lloraron. Ahora lloran porque viven y viven porque lloraron.