¡Oh gran Poseidón!, majestuoso e imponente entre los DIOSES del Olimpo; soy un simple escribano que le ayuda a la luna con lamentos disfrazados de frases encontradas; triste prosa acompaña mis pasos. Tristes, desdibujado por la espuma de sus olas que son adioses para mi sombrío arribo a esta isla de secretos que deja absorto al más aventurero.
¡Oh gran POSEIDÓN! por qué tu sabia voluntad permitió que padezca en esta inhóspita isla luego de haber bebido de su dulce elixir. ¡Cuán diafana luce hoy la promesa de tan bella sirena!, tan sólo me alienta la fe en tu infinita misericordia, permite que mi barca arribe a puerto seguro y a no dejarme llevar por burdos espejismos; devuelve a este triste viajero el sentido de su viaje pues la brújula perdí en esa isla traicionera y la luna y las estrellas confabulan en mi contra dirigiéndome a su vera, y yo me empeño en seguir su consejo pues el trayecto es perfecto aunque sea odioso el final, yo sigo terco en su espíritu respirar.
¡Oh gran POSEIDÓN! por qué tu sabia voluntad permitió que padezca en esta inhóspita isla luego de haber bebido de su dulce elixir. ¡Cuán diafana luce hoy la promesa de tan bella sirena!, tan sólo me alienta la fe en tu infinita misericordia, permite que mi barca arribe a puerto seguro y a no dejarme llevar por burdos espejismos; devuelve a este triste viajero el sentido de su viaje pues la brújula perdí en esa isla traicionera y la luna y las estrellas confabulan en mi contra dirigiéndome a su vera, y yo me empeño en seguir su consejo pues el trayecto es perfecto aunque sea odioso el final, yo sigo terco en su espíritu respirar.
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