iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Decadencia de cientos de labios
que se abren para balbucearme
infligirme en la piel sus cardenales,
para marcar el territorio de fuego.
Incoherencia de sonidos
donde los gritos salvajes me gobiernan,
o son victimas de los incomprensibles gemidos.
Voces
ritmos controvertidos,
lucha de un trance de luz
y uno de puro alcohol dulce trasgredido.
Vehemencia a los besos de una Única boca
que aparece en brumas del sopor
donde se pierden los sentidos.
Discrepancias que con el sabor han surgido,
caramelo ácido
que en las manos se ha derretido.
una Lengua te manipula,
y un Ojo omnisciente, omnipresente
un Ojo discernido
te cuenta las letras que pones en papel,
te cuenta las veces que has llorado
y luego te lo pasa por escrito.
Una Lengua te domina,
subyugado por papilas gustativas,
atado por cadenas de saliva,
que te escupen a la cara tu inmundicia
la credulidad que entregaste en tus caricias,
y luego se ríen y te salpican.
Asonancias que se queda grabadas
en el metal líquido de la memoria,
sin el gozo del dolor ni de la gloria,
como flores en el ático, ajadas.