MAO DIAZ
Poeta recién llegado
Al abrigo de esta montaña
se estremecen mis ideas.
Mis recuerdos
se hacen agua sobre mis ojos,
y llegan con sabor a sal hasta mis labios,
y tu ahora ¿Dónde te quedas?
De un abismo a otro te sigo buscando,
desde aquí, el techo del globo
te sigo gritando.
¿donde te quedas?
Pero tu, escapando.
Yo sigo mi camino,
detrás tuya, llorando.
Creo que tendré que dar la vuelta al mundo
hasta dar contigo,
se que pondrás difícil el camino,
se que además, no seguirás el tuyo
sino el mío.
Porque te escondes en cada paso que he dado,
y estás muy cerca
porque siempre oigo tu canto,
pero al final me has dejado,
como siempre, abandonado.
También, se que haces igual
con todos los hombres
que piensan que te tienen
sin verte,
que creen que estás a su lado,
cuando dos horas
por ti han pagado.
Igualmente otros han cerrado sus ojos
para imaginarte desnuda
y así seguir soñando con tu belleza
a cambio de su amargura.
Otros tras los despojos
de sus armaduras,
y la mayoría no acepta que tenerte
es una locura.
Yo he llegado hoy hasta Annapurna
para repetirte que lo mío no tiene cura,
y de nuevo me embarco en mi nave fugaz
para dar contigo en cualquier otro lugar,
y otras tantas aventuras,
eres como diría un ubediense que cenó con su majestad,
de entre todas la más puta,
y además, no sabes llorar.
Sólo que en este caso no voy a mojar en leche,
ni tan siquiera voy a desayunar,
para demostrarte así mi hambre
hasta volverte a encontrar.
Eres dueña y señora de lo que mi alma envuelve,
y del alma no quiero hablar,
pues ya no la conozco porque a ti te pertenece,
mi esposa, mi amada, mi desdicha,
Libertad.
Última edición: