Sarah Valentina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cenicienta mil veces me decía:
no mires sus zapatos, su tatuaje, su sonrisa.
Yo brillaba,
mi cuerpo a mil pegasos sometía
a buscarte en una red de trabalenguas,
yo moría,
tu palabra le gritaba a las plantas de mis pies:
¡ tienes que bailar un tango con Gardel
y ser amiga de Artemisa !
no mires sus zapatos, su tatuaje, su sonrisa.
Yo brillaba,
mi cuerpo a mil pegasos sometía
a buscarte en una red de trabalenguas,
yo moría,
tu palabra le gritaba a las plantas de mis pies:
¡ tienes que bailar un tango con Gardel
y ser amiga de Artemisa !
Tus ojos rebuscaba en un pajar de terciopelo,
bebía con ánsias tu veneno,
eran mi vodka las esquinas de tus dedos.
Amaba tus silencios a escondidas,
tu brutal oligarquía,
la planicie extensa de tus miedos,
yo sufría,
tu luz era cadena que ante la logia me ponía
que me hacía adorar mis penas,
robarle a Dante su autoría,
bebía con ánsias tu veneno,
eran mi vodka las esquinas de tus dedos.
Amaba tus silencios a escondidas,
tu brutal oligarquía,
la planicie extensa de tus miedos,
yo sufría,
tu luz era cadena que ante la logia me ponía
que me hacía adorar mis penas,
robarle a Dante su autoría,
¿ la divina comedia no era mia ?
Amaba tu verdad que era un ensayo,
poniéndo al himalaya una cornisa,
que ignorante,
estaba convencida: ¡ navidad sucede en mayo !
quise competir en hermosura con la brisa.
Yo temía,
tu aliento me obligaba a ser profeta,
adivina, bruja y agorera,
vistiéndome de bella pitonisa.
poniéndo al himalaya una cornisa,
que ignorante,
estaba convencida: ¡ navidad sucede en mayo !
quise competir en hermosura con la brisa.
Yo temía,
tu aliento me obligaba a ser profeta,
adivina, bruja y agorera,
vistiéndome de bella pitonisa.
Ahora soy libre,
condené al infierno tus sátiras agónicas,
devolví al hada madrina su estúpida varita,
condené al infierno tus sátiras agónicas,
devolví al hada madrina su estúpida varita,
¡ No tengo que vivir con narnia entre sus crónicas !
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