angel del olvido
Poeta asiduo al portal
Voy a terminar convirtiéndote en escritora, en mujer libre, de piel, de voz, de sangre, de juicios y prejuicios, amante de lo inverso, “odiante” de lo universalmente impuesto, mi mujer a tras fuego, la piedra, el rio, la noche, las letras, nuestra delincuencia, nuestra misa negra, nuestras calles, el short, los vellos, los cuadernos intactos, la locura de las tardes de seis y media que son más noche que otra cosa, vaya pues, tú y yo. Hermana, amante, amiga, ángel, antes, axioma y curvas, ideas que en el interior no se entienden, las pelamos, embolsamos, ¿? Fobia a la luz del mañana, a ser hueso, toca, madurez ven, no mejor aléjate. Nos juramos, más, te juro en voz a la altura de sesenta centímetros, arcoíris de ceniza, criterio vacilante y muy divago, ganara un Pulizter, un novel, un beso, un café en la fonda, una beca a la Sorbona o coñac de un buen lector, andar pedo y ver todo en diez años, disfrutar de lo que yo llamo suerte por ser el mejor vocablo, honesto.
Tengo la bendita mente llena de tu cuerpo, con un moretón a medio pecho (el recuento de los buenos daños) y me pregunto si eso es el amor ¿? Yo sostengo que el amor es algo muy pobre comparado con la batalla de besos atacando pieles, dedos hiriendo cabellos, pestañas rasgando ojos, voz suave drogando la existencia, existe y es siempre. Lenguas atacándose como hombres sumos, plural atacando al singular, los cigarros gritando como changos pidiendo más. Entonces el amor para nosotros nos queda como camisa del treinta en el hombre más lleno de la historia, reventamos, somos eso, él, ellos, nosotros, todo, nada, oscuridad, tierra, complemento y despertarse a las cinco con mente de que pedo. Todo sin acento, sin dialéctica, paz de verse envuelto en lo que otros no podrán sentir jamás.
Tengo la bendita mente llena de tu cuerpo, con un moretón a medio pecho (el recuento de los buenos daños) y me pregunto si eso es el amor ¿? Yo sostengo que el amor es algo muy pobre comparado con la batalla de besos atacando pieles, dedos hiriendo cabellos, pestañas rasgando ojos, voz suave drogando la existencia, existe y es siempre. Lenguas atacándose como hombres sumos, plural atacando al singular, los cigarros gritando como changos pidiendo más. Entonces el amor para nosotros nos queda como camisa del treinta en el hombre más lleno de la historia, reventamos, somos eso, él, ellos, nosotros, todo, nada, oscuridad, tierra, complemento y despertarse a las cinco con mente de que pedo. Todo sin acento, sin dialéctica, paz de verse envuelto en lo que otros no podrán sentir jamás.
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