Javier Palanca
Poeta fiel al portal
Si descubriéramos que también hay cigüeñas suicidas
puede que todo se nos antojara mucho más sencillo
y viéramos que cuando el sol brama en exceso
si somos nieve preferimos derretirnos y partir.
Volteamos las campanas llamando a drama
cuando deberíamos pasear entre naranjos
con la gorra bien calada en el pensamiento
de lo que fue y se abstuvo de seguir siendo.
Las decisiones ajenas son velas que no encendemos
por más que hagamos lutos blasfemando
o reguemos el camino de lágrimas sinceras
que por no valer son leña húmeda en invierno.
La rabia puede ser un manto que nos escueza
más allá de lo previsto en la cámara acorazada
en la que diseñábamos parábolas infantiles
que pretendían circular un círculo uniforme.
No somos quién para desear tiempos espaciados
ni para hacer recta la huella de la culebra
si ni tan siquiera podemos saber
en que pijama nos vendrá el sueño.
puede que todo se nos antojara mucho más sencillo
y viéramos que cuando el sol brama en exceso
si somos nieve preferimos derretirnos y partir.
Volteamos las campanas llamando a drama
cuando deberíamos pasear entre naranjos
con la gorra bien calada en el pensamiento
de lo que fue y se abstuvo de seguir siendo.
Las decisiones ajenas son velas que no encendemos
por más que hagamos lutos blasfemando
o reguemos el camino de lágrimas sinceras
que por no valer son leña húmeda en invierno.
La rabia puede ser un manto que nos escueza
más allá de lo previsto en la cámara acorazada
en la que diseñábamos parábolas infantiles
que pretendían circular un círculo uniforme.
No somos quién para desear tiempos espaciados
ni para hacer recta la huella de la culebra
si ni tan siquiera podemos saber
en que pijama nos vendrá el sueño.
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